viernes, 28 de octubre de 2016

El periodismo que acompaña a la cultura

I.

Si organizamos un acto cultural, como éste, es frecuente que llegue menos gente que la deseada. Entonces, buscando explicaciones o asignando culpas, decimos que “no hubo difusión”.

Pero realmente debe decirse que hubo una mala difusión: insuficiente, inoportuna o, más comúnmente, impertinente. Es decir, que falló alguna forma de periodismo cultural.

¿Quiénes queríamos que vinieran?, ¿esos que queríamos que vinieran, cómo se enteran de lo que les interesa?, ¿fuimos ahí a donde ellos se enteran para enterarlos, con el lenguaje al que están acostumbrados?, ¿utilizamos los recursos del periodismo cultural más adecuados precisamente para esas personas, esos intereses, esas plataformas?

Siempre me ha asombrado la rapidez con la que se difunden -se viralizan, se dice ahora- las noticias de los actos artísticos o culturales que desde el periodismo cultural despreciamos: el cantante grupero de moda anuncia que estará en Aguascalientes, y a los pocos minutos el post ya tiene decenas o cientos de likes, y en unas horas ya ha sido envidiablemente comentado y compartido hasta cubrir a toda esa comunidad de fans.

¿Y los que no tienen acceso a internet? Seguramente miraron de paso una barda pintada, o escucharon en el camión que alguien enterado se lo platicó a alguien interesado y todos se entusiasmaron y empezaron a hacer cuentas para la quincena.

Likes y fans. Tal vez en estas palabras, del nuevo vocabulario impuesto por las “redes sociales”, se encuentre una pista para mejorar nuestra comunicación con esos posibles nuevos públicos de lo que desde el periodismo cultural apreciamos: me gusta, te sigo; no me gusta, no te sigo. Tan sencillo.

Nos movemos ignorando la violenta frontera entre lo que le gusta a la gente y lo que nosotros decidimos que debe gustarle a la gente. Nos cuesta reconocer que trabajamos para la “inmensa minoría”, contra el gusto de la mayoría.

¿Y cómo construimos el “buen gusto” de la mayoría, ahora ganada por los discursos más banales, por la música más rudimentaria, por las películas de acción, por los best sellers? Volviendo la vista hacia el infinito horizonte, expandiendo el universo de temas, procurando la conexión entre lo que escribimos y la vida cotidiana de nuestros lectores.

Lo dice la periodista mexicana Alma Guillermoprieto en una entrevista reciente con El País: “hemos hecho mal en no acompañar a la gente en sus verdaderas preocupaciones. Somos finalmente una minoría, parte de una élite, aunque muchos periodistas provengamos de las clases populares. Pero ya de hecho somos una élite y nos ocupamos de las cosas que les preocupan a las clases liberales. Una de las cosas que descubrí en la revolución es que a la mayoría de la gente no le interesa la revolución. Lo que quieren es vivir en paz, y a nosotros los periodistas nos interesan las revoluciones. Ahí hay ese desfase entre los periodistas y la gente”.

Cultura es todo, dice la definición más simple. O mejor: cultura es todo lo que hacemos y cómo lo hacemos. Pero si cultura es todo, ¿en dónde están los límites del periodismo cultural? En donde queramos colocarlos, pero la clave para no dispersarnos en la nada sigue siendo la misma: la materia del periodismo cultural es lo que toca la vida cotidiana de nuestros lectores. ¿Cómo enriquecemos el gusto de nuestros lectores? Si logramos que la gente hable de lo que les proponemos, que lo hagan parte de su conversación cotidiana.

Comentar y compartir.

¿Cómo logramos, con el periodismo cultural, que don Pancho que da bola en la plaza platique con su momentáneo cliente del paro técnico del transporte urbano pero también de PostMortem 9, el festival de cortometrajes de horror y bizarros?, ¿o que doña Concha que ahí vemos pasar con su bolsa al mercado se detenga y se quede un ratito a escuchar una mesa de lectura del Encuentro de Poetas del Mundo Latino?

El objetivo del periodismo cultural es doble. Por una parte, como lo ha pedido insistentemente Gabriel Zaid, el objetivo del periodismo cultural es elevar el nivel de la conversación pública; el periodismo cultural debe iniciar conversaciones. Por otra parte, el objetivo del periodismo cultural es formar públicos: lograr que haya un público donde ahora no lo hay, y también que esos públicos, los públicos existentes y los nuevos públicos, tengan más y mejor información, para formar una opinión más firme, y de esta manera asegurar la acción que deseamos: que vayan a escuchar una conferencia o un recital de poesía o una presentación editorial, que se muevan a mirar una exposición o una película o un espectáculo coreográfico, que participen en la formulación y la ejecución de políticas públicas para el cuidado del patrimonio arquitectónico o para el fomento de la lectura, que exijan cuentas claras a los funcionarios y a los becarios acerca del uso del dinero fiscal.

Para eso es, para eso debe ser el periodismo cultural.

Debe haber una correspondencia conciente y explícita entre el periodismo y la realidad: formamos públicos, y así alteramos la realidad. Comprender para entender, entender para relatar, relatar para enterar, enterar para comprender. Entender la realidad como condición necesaria, nunca suficiente, para transformar la realidad. Así cerramos el círculo virtuoso con nuestros lectores, que son los (únicos) que dan sentido a nuestro trabajo.

Pero si queremos hacer periodismo cultural para formar públicos debemos, primero, decidir a quiénes, luego averiguar cómo se enteran de lo que les interesa, enseguida encontrar o imaginar vinculaciones entre lo que les interesa y lo que podría enriquecerlos, y entonces, sólo entonces, empezar a diseñar productos de comunicación.

Un síntoma significativo del estado del periodismo cultural que hacemos, y que leemos, es la costumbre de hablar de “eventos” culturales. Pero un evento es algo que sucede como podría no haber sucedido, algo accidental, incluso catastrófico, indeseable. Si sé cuándo, a qué hora, en dónde, quién presenta qué, entonces está programado, no es un evento. El periodismo cultural es el periodismo que acompaña a la cultura, en todo el proceso: el artista no lo es sólo cuando está sobre el escenario, el periodista cultural no ha de serlo sólo para anunciar que un artista estará sobre un escenario.

El artista lo es desde que concibe un espectáculo, lo gestiona, lo ensaya, el artista no lo es sólo cuando está en el escenario. Por eso hablo del periodismo que acompaña a la cultura, a todo el proceso de la creación artística, a todo el proceso de la reflexión académica sobre esa actividad artística.

Frecuentemente lo que se presenta y consumimos como “periodismo cultural” es apenas un relato de la cartelera, y la cartelera es un boletín institucional: relatamos boletines. Peor: el periodismo cultural muy frecuentemente sólo anuncia el estreno de una temporada, o la inauguración de una exposición, muy frecuentemente sólo reporta o cronica lo que sucedió en ese estreno o en esa inauguración, pero (casi) nunca explica lo que sucedió antes ni, mucho menos, sugiere lo que sucederá después de ese estreno o de esa inauguración.

Sabemos que la noticia muere en cuanto nace. ¿Y a dónde van las noticias cuando mueren?: se convierten en información, una experiencia personalísima e intrasferible, condición necesaria aunque no siempre suficiente para integrar una opínión propia. La información es siempre anterior a la opinión, sin información suficiente no puede haber opinión eficiente.

Formar, difundir, manejar la opinión no es el fin del periodismo, sino apenas una condición de su misión: provocar acciones, hacer que el público no sólo se informe, no sólo opine, sino que haga algo. De la información a la opinión a la acción: un periodismo de acción. ¿Y cuál ha de ser la acción del periodismo, específicamente del periodismo cultural?: formar públicos. Formar públicos en lo cuantitativo (que haya públicos donde no los había), y formar públicos en lo cualitativo (informar su opinión, y orientar su opinión hacia la acción).

El periodismo cultural más allá de la cartelera, más allá del estreno, más allá de los boletines.

Los cambios culturales son los más lentos. Suelen percibirse sólo después de un dilatado tiempo, a veces más de una generación, o incluso más. Los cambios culturales son también los más profundos, tal vez por eso mismo. Sus raíces pueden destruir cimientos. Están ocultos muy debajo del oleaje más violento: el cambio no es ese oleaje, que se disipará pronto; el cambio sucede más cerca del inestable lecho marino, ahí donde nuestra vista no llega.

Por eso los periodistas culturales, además de ser periodistas cultos, deben desarrollar una especial capacidad para la observación. Si el periodista observa las constantes y las anomalías para imaginar sus temas, para gestionar sus fuentes, para construir sus noticias, su observación de estas constantes y anomalías ha de ser particularmente cuidadosa. El periodista cultural otea mucho más allá de hoy, hacia atrás y hacia adelante. El periodista cultural documenta el pasado e imagina el mañana.

Juan Villoro ha observado cómo el desprecio a la cultura se expresa en los periódicos con el hecho de que es la primera sección -¡cuando existe!- que se cierra y se “tira”, de manera que una conferencia como ésta, que sucede después de esa hora de cierre y “tiro”, si acaso, será mencionada en la sección de información cultural de pasado mañana. El periodismo cultural, dice, es “el periódico de antier”.

Esto puede ser una ganancia para la narratividad y el estilo del periodismo cultural: tenemos un día más para escribir. Alejados, así sea por el desprecio, de la premura impuesta a las secciones “duras”, que además son las más generosamente patrocinadas, podemos escribir “bonito”, que es lo que se espera de un periodista cultural (escribir “bonito” sin sacrificar la claridad, una sencilla elegancia). Uno de los planos en los que se acercan el periodismo y la literatura. Por cierto, la narratividad específica del periodismo cultural exige un dominio pleno del lenguaje, de la gramática, de la ortografía.

A mí me gusta imaginar al periodismo cultural como el periodismo de mañana: un periodismo de anticipación, que documenta, acompaña, narra los cambios profundos en la cultura de una sociedad. Y mi mejor ejemplo sigue siendo una noticia perdida entre tantos otros boletines, a principios del año pasado: en 2014, en Aguascalientes hubo más automóviles fabricados que niños nacidos. Ningún periodista -ningún periodista cultural- se ocupó de documentar el contexto ni de investigar las derivaciones de esa noticia, que tal vez lo sea ahora para ustedes.

Hoy viernes en Aguascalientes encuentro al menos trece opciones artísticas y culturales, todas atractivas. Tal vez dos o tres son mencionadas por la prensa, mencionadas y nada más. Entonces, ni la simple cartelera ni la investigación a fondo de motivos y tendencias.

Desde el periodismo cultural no le llevamos el paso al arte y la cultura de Aguascalientes.


II.

Cualquiera puede ser periodista cultural. Cualquiera debe poder ser periodista cultural. Cualquiera debe poder aprender a ser periodista cultural. Además de un derecho elemental de expresión, es un ejercicio elemental de nuestros derechos culturales.

Con este principio, durante cuatro años coordiné un taller de periodismo cultural en CIELA Fraguas, siete generaciones en las que participaron unas treinta personas, hombres y mujeres de diversas edades y formaciones que, al cabo de unas cuantas sesiones, seguramente no eran periodistas culturales plenos (aunque me sorprendieron con varios textos muy bien hechos, y que fueron publicados), pero -creo- sí eran mejores lectores, radioescuchas, televidentes de información cultural. Y eran mejores públicos.

El aprendizaje del periodismo cultural es continuo, permanente, inacabable. Con la mente abierta, la mano suelta, acompañados por libros estimulantes y maestros inteligentes.

El periodismo cultural es un oficio, un oficio especializado, como cualquiera otro. Como cualquier oficio, hay dos maneras de aprenderlo: o en una escuela, y ya veremos cómo ninguna escuela universitaria de Aguascalientes, pública o privada, enseña específicamente “periodismo cultural” ni siquiera como un curso opcional o de verano; o pegándomele a un maestro en su talacha diaria, pero es evidente que en nuestra ciudad apenas hay espacios en donde se publique regularmente alguna nota suelta sobre el arte y la cultura de Aguascalientes.

En el modelo de negocios de las empresas de la información en Aguascalientes resulta que la cultura no es rentable. Mi sección de información cultural en El Sol del Centro yo la “vendía” como un nuevo servicio a los lectores, como la apertura de una nueva cartera de anunciantes, como valor agregado a la marca editorial. Terminó siendo aprobada sólo porque fue una decisión personal de la jefa en la Ciudad de México, que me conocía de treinta años atrás, y que así lo ordenó al director de acá; cuando hubo cambio de dirección, catorce meses después, la sección se suspendió repentinamente, sin más explicación que “nos ordenaron que ya no paguemos honorarios”.

Honorarios que, por cierto, eran muy bajos, insuficientes para pagar las cuentas, sin seguro médico y, como vemos, sin ninguna estabilidad ni garantía de permanencia y desarrollo. Buscando alternativas para continuar la publicación de la sección, en otro periódico me encontré con posibilidades laborales incluso peores. ¿Por qué sucede esto?

¿Por qué no podemos vivir, vivir bien, haciendo periodismo cultural en Aguascalientes? ¿Estamos mal preparados desde la escuela, dejamos de estudiar cuando egresamos, no nos mantenemos al tanto de las novedades tecnológicas, seguimos haciendo el periodismo que aprendimos y nos desentendemos de las novedades temáticas y narrativas, de plano despreciamos todo lo que no se ajusta a nuestras ideas de periodismo y de cultura? ¿Nuestros maestros son malos, nuestras referencias bibliográficas y hemerográficas son pobres, nuestro horizonte académico y profesional se agota frente a nuestras narices?

Por qué no pagan quienes pagan. Los dueños de los medios, o los funcionarios a cargo de publicaciones y oficinas de información institucionales, o los anunciantes y los patrocinadores, los “malos de la película” que más frecuentemente citamos. ¿Por qué no hemos sido capaces no sólo de agregar valor a la información cultural, sino de revelar, de hacer muy evidente, el valor de la información cultural?

Pero también los artistas, que desprecian el trabajo especializado de los periodistas culturales (y de los gestores culturales), piensan que son actividades tan elementales que cualquiera puede hacerlas, y ellos mismos las hacen. Y las hacen mal, cómo no.

Y, por fin, los lectores. El poco entusiasmo y el escaso rigor con los que se hace periodismo cultural en Aguascalientes tiene una correspondencia puntual con el poco entusiasmo y el escaso rigor con los que se busca, se lee, se estimula el periodismo cultural en Aguascalientes.

¿Cómo pensar en contratar y en pagar bien a los periodistas culturales, si los dueños y los anunciantes de los medios -y los funcionarios a cargo de las instituciones que manejan información cultural- no aceptan el valor del periodismo cultural? ¿Cómo, si los lectores no parecen dispuestos a pagar (bien) por el periodismo cultural que se hace y se puede hacer en la prensa, la radio, la televisión, internet...?

El periodismo en México nació como periodismo cultural. ¡Y en Aguascalientes!: la maestra Sofía Ramírez, en la “mesa de verano” del Seminario de Periodismo Cultural en Aguascalientes, hizo una revisión de publicaciones periódicas hechas aquí a finales del siglo antepasado y principios del siglo pasado, periódicos que eran referencias regionales y nacionales, no políticos sino literarios. De pronto, todo terminó.

¿Qué pasó? Las condiciones históricas cambiaron, claro. Pero también desapareció de Aguascalientes, por muerte o mudanza, esa primera generación de fundadores de instituciones locales, despreocupados por la continuidad de su empeño.

Lo ha observado Gabriel Zaid: “la cultura, que ahora está como arrimada en la casa del periodismo, construyó la casa”. Y ahora es expulsada de ahí.

En México, la información de cultura en Excelsior volvió a estar en una sección propia, La Razón inició su suplemento sabatino El Cultural que en octubre llegó a su número 70, Confabulario de El Universal se mantiene -como se mantienen Laberinto en Milenio, y La Jornada Semanal que resiste a la muerte de su último director Hugo Gutiérrez Vega- y además está produciendo otra vez Confabulario TV con Canal 22.

En Aguascalientes, El Sol del Centro canceló la que durante catorce meses fue la única sección de información cultural en la prensa estatal (La Jornada Aguascalientes no publica diariamente, publica muchos boletines aunque tiene la agradecible decencia de anunciarlos así, y no se concentra en el arte y la cultura locales sino en lo que más le interesa a su editor), y no es un secreto la deriva comercial de las estaciones de Radio y Televisión de Aguascalientes; en contraste, una muy buena noticia es el inicio de transmisiones en señal abierta de TV UAA.

El modelo de negocios de la prensa tradicional entró en crisis desde hace varios años, y debió agregarse a las nuevas plataformas tecnológicas no sólo para sobrevivir sino para seguir desarrollándose.

Se abaten la rapidez y los costos para el manejo de la información y la publicidad de las noticias: se “abarata” el periodismo, porque estos atributos afectan también, sobre todo, a la raíz oculta, la investigación (la verificación, la contextualización, la edición), y porque este abaratamiento propicia la proliferación de periodistas amateurs, o de plano de falsos periodistas, que impiden que sea bien pagado el trabajo profesional de los periodistas culturales.

Un riesgo adicional del periodismo amateur en las “redes sociales” es que se crea la ilusión de que se forman públicos porque se llega a más gente, y más rápido. Pero esa gente a la que se llega es la que tiene acceso a internet (y al teléfono, y a la electricidad, y con capacidad para comprar una computadora), y se ignora a amplísimos sectores de la población, ¡la mayoría!, que se mantienen al margen y alejados de la información de arte y cultura.

Apps, redes sociales, streaming, noticias en tiempo real, la multiplicación de las técnicamente deplorables transmisiones en vivo por Periscope o en Facebook Live, textos multivinculados y siempre acompañados por audio e imagen, la moda reciente del GIF...

Lo importante es afirmar que todo esto es periodismo más tecnología, y lo que cambia es la tecnología, y sus usuarios. La esencia del periodismo debe seguir estando ahí, es la condición para que el periodismo cultural siga desarrollándose, no podemos permitir que desaparezca en la bruma de las novedades tecnológicas.


III.

Los nuevos periodistas, los periodistas “nativos digitales”, no pueden imaginar las viejas redacciones de los periódicos pobladas por el humo del tabaco, el ruido, el olor a tinta (y, con frecuencia, a alcohol).

Cuando yo salía de la escuela de periodismo y me iniciaba en el periodismo profesional, hace treinta y cinco años, en un mundo sin internet ni teléfonos celulares, sin Google ni correo electrónico, era una subversiva novedad la sola presencia de los “periodistas de escuela”, como nos llamaban con temeroso desprecio los viejos de la tribu formados en la calle.

La competencia generacional ahora nos encuentra en un mundo poblado por soft news. Estamos en la civilización del espectáculo. Fragmentos desarticulados y efímeros, información que se desvanece en la nada pero que trota irresponsablemente hacia la opinión, sin embargo trivializada en un simple “Me gusta” (me encanta, me divierte, me asombra, me entristece, me enoja), que se confina en 140 caracteres o, mucho peor, que se disuelve instantáneamente en una detestable imagorrea, la enfermiza compulsión a tomar una foto de lo que sea y enseguida olvidarla, basura digital.

En estas condiciones, con un público así dispuesto, no informamos para formar opinión, no informamos para iniciar conversaciones, no informamos para formar públicos: informamos para lograr likes, “generamos contenido” para ganar un tráfico acelerado hacia la nada.

En la apertura del Hay Festival Segovia 2016, el 23 de septiembre, el director adjunto de El País, David Alandete, dijo que “frente a un bloguero, por ejemplo, el periódico ofrece rigurosidad, calidad y contenido añadido”, y así previó la evolución a “un modelo donde gane la última hora y la información desnuda, que se encontrará de forma gratuita, mientras que las columnas o los reportajes e informes amplios requerirán un registro en el que los lectores se comprometan a ver la publicidad que financia al medio, o el pago por contenido”. Según él, ha habido “un cambio en el tipo de formación que se requiere de los periodistas, que ahora deben conocer otras narrativas en un momento en que la relación se produce a través del teléfono móvil”.

Carlos Chimal, uno de los grandes divulgadores de la ciencia en México, habla en su más reciente libro, “El universo en un puñado de átomos”, de un “periodismo de pisa y corre”, contra el periodismo que acompaña y documenta los procesos de los creadores, “pero eso exige más tiempo y no todos están dispuestos a invertirlo”, dice. O a pagarlo.

Julio Aguilar, el editor de cultura en El Universal, señala que ahora ya no se editan periódicos sino que se generan contenidos para diversas plataformas y soportes, y cita a Fernando Savater: “Los periódicos han muerto, viva el periodismo”.

Nuevas herramientas, nuevas formas, nuevos públicos, realidad cambiante del arte y la cultura en Aguascalientes, particularmente por la multiplicación de egresados de escuelas universitarias. Una nueva realidad, y ante esta vertiginosa novedad el periodismo cultural no lleva el paso.

Imagino un periodismo cultural más allá de la cartelera, más allá de las efemérides, más allá de los boletines de prensa, un periodismo cultural más allá de las bellas artes o de las grandes fiestas religiosas o populares, un periodismo cultural más allá del documental histórico que con frecuencia es una cómoda coartada para no entrar a los grandes temas actuales.

Un periodismo colectivo, un periodismo de colaboración, un periodismo multimedia y multiplataforma. Periodistas culturales glocales, todoterreno. Un periodismo que no se queda quieto, un periodismo que camina, un periodismo que ve y que va más allá.

Observa José Carlos Castañeda en su artículo para el suplemento El Cultural de La Razón, el sábado 10 de septiembre: “La escritura de Walter Benjamin proviene de la calle, de los cafés y los pasajes interiores de la desesperanza. En todo este trayecto de una larga huida, Benjamin inventó en sus cuadernos un nuevo género literario: la crítica cultural. Una extraña amalgama de historia, sociología, filosofía, literatura, crónica de viajes y relatos breves”. El personaje por excelencia que define a Walter Benjamin, autor del fragmentario e inconcluso “Libro de los pasajes”, es “el flâneur, una suerte de vagabundo, paseante solitario y marginal de una historia paralela. La fisonomía de este nuevo actor, oculto en la multitud mientras husmea en los resquicios de la vida urbana, abre un nuevo campo de estudio donde el arte y la historia se entrecruzan con la rebelión y la catástrofe”.

La calle, como los sueños, es el principal surtidor de temas para el periodismo cultural.

El periodista es alguien que busca datos y los relaciona mediante una narrativa para proponer un significado. Alejamientos, acercamientos, desplazamientos alrededor y a través de nuestro objeto: el periodismo es ese juego con esos objetos, entidades reales o figuradas que tratamos como fuentes de datos; de esa manera, y sólo de esa manera, hemos de lograr la anhelada “objetividad”, el juego con los objetos, la fusión de nuestra mirada con los objetos.

No hay una realidad, hay miradas -y relatos- diversos sobre la realidad: la noticia no es lo que sucede, la noticia es el relato de lo que sucede. Los datos por sí mismos no significan nada, los datos valen sólo por su relación con otros datos, por la manera como los relacionamos a la búsqueda de un significado; por eso los mismos datos pueden tener significados diversos, divergentes, controversiales.

“Escribir contra el público”, sugiere el periodista argentino Martín Caparrós: desafiar a los lectores, contarles lo que no tienen interés por conocer, “nuestro trabajo como periodistas es ofrecer lo que merece ser contado, no lo que supuestamente pide el público”, dice en una entrevista con Excelsior. Y así regreso a la observación de que somos elitistas, quizá incluso antidemocráticos, porque trabajamos esencialmente para un público muy menor, “la inmensa minoría” como diría don Alfonso Reyes.

Héctor Aguilar Camín cita en Milenio la conferencia de Samil Ismail quien menciona a la amígdala, la glándula del sistema límbico que acompaña desde siempre al homo sapiens: es “el segmento del cerebro que produce el miedo... El homo sapiens podía equivocarse en apreciar la belleza de un crepúsculo, pero no en desoir el rugido de un león cercano”. La amígdala, comenta Aguilar Camín, sigue ahí “oyendo con mayor atención los peligros y las catástrofes que los logros y los goces”. Es la diosa de las malas noticias, nuestra diosa cínica: las buenas noticias no son noticias, como lo confirmaron los comunicólogos asesores del presidente Enrique Peña Nieto en su fallida campaña “Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho”.

El periodista es alguien que busca datos, y a cada dato corresponde una fuente; los datos son el sustento de una noticia (una noticia es sustantiva, nunca adjetiva). Buscamos datos y con ellos construimos relatos significativos, que al dejar de ser noticia -esto es, en cuanto se publican- se convierten en información que sustentará la opinión; pero no trabajamos para hacer opinión, sino para propiciar la acción: queremos que nuestro lector haga algo, queremos mover a nuestro lector.

El periodista propone la actualidad, parte fundamental del trabajo del periodista es imaginar noticias. Imaginar noticias, no inventarlas: en el decálogo del periodista tal vez el mandamiento principal es “no supongas”: si tu madre te dice que te ama, verifícalo con dos fuentes. Si no sabes algo, investiga; si no entiendes algo, haz periodismo.

Datos, personajes, imágenes, ideas, opiniones. Estos son los orígenes, los motivos, las condiciones previas necesarias de los géneros periodísticos. Para relatar lo que sucede, el periodismo dispone de otros, ricos recursos: los ignorados géneros periodísticos.

En este proceso se revela con frecuencia, por su ausencia, la importancia esencial del editor, un periodista superior. El periodista es su primer editor, y su primer lector. “Los editores son la gran ausencia en Internet”, observa Alma Guillermoprieto en esa misma entrevista con El País. Esta ausencia ha hecho de internet la gran legión de imbéciles que observó Umberto Eco.

Captar los momentos importantes y extraer la esencia de los acontecimientos, eso es ser un buen reportero. Seleccionar y jerarquizar adecuadamente los datos, eso es ser un buen editor.

A cada dato una fuente verificable. Contexto y seguimiento. La información siempre es anterior a la opinión, y la opinión es estéril si no imaginamos una acción. Principios elementales de un ejercicio del periodismo al que le da sentido una lectura necesariamente crítica, sin la cual, sí, estaremos haciendo un periodismo sin sentido. La ética del periodismo, el “zumbido del moscardón”, siempre presente aunque lo ignoremos, según lo fijó el periodista Gabriel García Márquez.

Y desde luego cuando hablo de periodismo cultural me refiero al que se ejerce en cualquier plataforma, o en cualquier “soporte” como solemos repetir en el todavía apocalíptico diagnóstico de la inminente muerte de la prensa que se anuncia desde hace tantos años. Lo racional contra lo emocional, lo reflexivo frente a lo instintivo, el periodismo cultural se hace y se usa en función de su plataforma de difusión: a la prensa se le respeta, a la televisión se le admira, a la radio se le quiere... a internet se le cree y se le perdona todo.


IV.

Escribimos no para nos lean, sino para que nos respondan. Hacemos periodismo para iniciar conversaciones, hacemos periodismo cultural para llevar el arte y la cultura a la mesa de la cena, que al final de la jornada no se platique sólo de telenovelas o de futbol, permear al lenguaje cotidiano con el lenguaje del arte y la cultura.

A propósito de la indignada discusión por la invitación a la Feria de las Letras en San Luis Potosí del (supongo) comediante Yordi Rosado, un “creador y gestor literario” sanluisino, Joserra Ortiz, citó el prólogo de Manuel José Othón a su libro “Poemas rústicos” (1902): “El ideal estético de todas las épocas, y especialmente de la actual, es que el arte ha sido y debe ser impopular, inaccesible al vulgo. Cuando más se ha extendido o se extienda su culto, será porque el vulgo ha ido o irá ascendiendo, abandonando, por lo mismo, su naturaleza; mas no porque el arte baje, pues es imposible que pierda su sustantividad. Esto no quiere decir que el artista deba producir sólo para los iniciados en las fórmulas técnicas del procedimiento: se debe componer, pintar, esculpir para todos los espíritus finos y ya sensibilizados que forman una porción de inteligencias educadas, de almas accesibles y apercibidas a recibir y retener la impresión estética. Y en los momentos presentes esas inteligencias, esas almas no son tan raras como se cree, pues abundan”.

Si hemos de criticar políticas públicas, en la ciudad de San Luis Potosí agregaron la cultura a una dirección de turismo. En Aguascalientes, con un propósito similar que ahora se olvida, se puso a la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes a tocar chuntata con Los Ángeles Azules, exitosísimo -como Yordi Rosado en la literatura- pervertidor de la cumbia.

Pero no es de eso de lo que ahora me interesa hablar, sino de ese concepto así formulado por Othón: el trabajo del periodista cultural, y de cualquiera otro gestor-promotor-animador de la cultura y de sus expresiones artísticas, ustedes y yo, nos preparamos para un trabajo democratizador pero antidemocrático, una paradoja de la que debemos hacernos cargo antes de avanzar.

De ahí el suplicio de Sísifo que significa nuestro trabajo: tanto esfuerzo para fomentar la lectura, por proponer temas y obras propicias, y nos traen a un Yordi Rosado que realmente nada tiene qué decir para el tema; tanto esfuerzo para fomentar el buen gusto musical, tanto esfuerzo para crear un público para la OSA, y nos la ponen a tocar chuntata nomás porque les gusta a los programadores culturales de la Feria Nacional de San Marcos.

Pero, sin duda, es algo que tiene que seguir haciéndose. Arturo Pérez-Reverte, viejo reportero en territorio comanche, ha dicho que los periodistas culturales somos como la orquesta del Titanic, “que suena no para adormecer conciencias sino como compañía y alivio de muchos. Como último bastión. Como analgésico que no quita la causa irremediable del dolor, pero lo alivia”. Héctor de Mauleón, que también algo sabe de esto, decía en Mérida (en marzo, en el Segundo Encuentro de Periodismo Cultural dentro de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán) que el periodismo cultural se entiende como “el oasis frente al horror”, “una habitación bien decorada donde sea agradable estar después de atravesar el infierno del mundo”. Pero una habitación al fondo, donde vive “la loca de la casa”, la imaginación.

Un buen motivo para persistir en el periodismo cultural “de campo” sería el reconocimiento de un error frecuente en la gestión cultural y la elaboración de políticas públicas de las instituciones de cultura: no se trata de “llevar la cultura a todos”, sino de ir a donde la cultura de por sí se desarrolla y de -ahí mismo- proponer espacios de diálogo e interpelación. Ir a donde está la cultura -los barrios, los pueblos, las calles- y traerla al gran espacio público desde donde se disemine. Ese es trabajo del periodismo cultural: hacer visible, audible, tangible la cultura en sus múltiples formas y expresiones. La cultura más allá de la cartelera de las instituciones. La cultura está en todas partes, el periodismo cultural debe estar ahí también.

Informar, educar, entretener, son también nuestras responsabilidades profesionales. Todos los medios cumplen estas funciones, todos los medios deben cumplir estas funciones, y al hacerlo determinan a sus públicos. Desde el periodismo cultural hemos de distinguirnos por la selección de los temas, asombrar a nuestro público con temas originales y provocadores, una selección de temas (y la posterior búsqueda de fuentes) que requiere, a fuerzas, de periodistas cultos. Cien por una, decía con apenas un poco de exageración Ryszard Kapuściński: leer cien cuartillas antes de animarnos a escribir una.

Trabajamos para una muy pequeña minoría, hacemos periodismo desde la minoría. Entonces, debemos crecer en dos sentidos contrapuestos: sí, por la formación de públicos que se enteran de lo que les interesa (y no les interesa el arte y la cultura) en periódicos que despreciamos, pero también por la información de públicos tan habituados a la lectura que se enteran mejor -y les son más confiables intelectualmente- por libros.

Entonces hagamos periodismo en libros, hagamos libros. Yo mismo publiqué, en una edición de autor, 165 columnas “De cultura” publicadas semanalmente en siete diarios de Organización Editorial Mexicana, incluso El Sol del Centro. La Colección Periodismo Cultural iniciada en 1994 por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, ahora Secretaría de Cultura federal, es una serie creciente de 69 libros compilados por otros tantos grandes periodistas culturales de México.

Un modelo de periodismo cultural más cercano, en el tiempo, en el espacio y en el cariño, es José Emilio Pacheco. Su legendaria columna “Inventario” es un ejemplo del periodismo cultural que necesitamos: escrupulosamente documentado, de muy largo aliento, impecablemente redactado.

Un periodismo alternativo, porque proponemos alternativas en la búsqueda de temas asombrosos y provocadores, en la atención de fuentes novedosas e inesperadas, en el ejercicio de narrativas no sólo legibles y respetuosas del lenguaje sino de “literatura bajo presión”, en el uso arriesgado de plataformas y lenguajes y, por fin, en la gana de conectar precisamente con los nuevos públicos, que lo son no sólo por su edad sino además por su precario acercamiento a la creación artística y a la reflexión cultural; así, además y sobre todo, somos un periodismo alterativo.

Un periodismo cultural que trasciende generaciones, no sólo por la necesaria y problemática coincidencia (que siempre ha existido, de diferentes maneras) de periodistas maduros y periodistas jovencísimos, sino sobre todo por la perspectiva de su ejercicio profesional, que debe ser amplísima: otear desde una o dos generaciones anteriores los cambios culturales, esos cambios profundos y lentísimos que marcan la identidad de las comunidades, y proyectarlos una o dos generaciones más allá de la nuestra.

El periodismo cultural, para serlo genuinamente, ha de ser un periodismo de adelantados, un periodismo de frontera: “el periodismo que acompaña a la cultura”, que da cuenta de los lentos y dilatados procesos de creación artística y de intervención comunitaria para alterar la vida cotidiana. El “tejido social” que se agita y se desgarra, o que tersamente permite la agenda cotidiana, tiene más allá de la superficie cambios que se notan sólo si vamos más allá, periodismo de profundidad. Vuelvo al ejemplo de aquella nota perdida de 2014: más automóviles que niños, el colapso de la ciudad, que ya puede entreverse en los atascos insólitos hace apenas unos años, ¿quién lo advierte?

Así como la noticia no es el hecho, sino el relato de ese hecho, es posible afirmar que el periodismo cultural que hacemos en Aguascalientes no refleja y no relata la realidad artística, cultural, académica de Aguascalientes. Este periodismo cultural no se corresponde puntualmente con la realidad a la que se refiere, ni la revela ni la construye.

Las noticias las hacemos nosotros, los periodistas. En Aguascalientes el perverso modelo de negocios del periodismo permite que la agenda (también la agenda cultural, o su menosprecio) sea impuesta por las élites del poder local.

Pero la corresponsabilidad del mantenimiento financiero, el desarrollo de los proyectos empresariales, corresponde también a otros actores, particularmente a los artistas -y a los académicos que reflexionan sobre el arte y la cultura- y, muy marcadamente, a los lectores.Artistas que no leen. Lectores que no leen. Nadie lee; nadie paga.

¿De qué hablamos cuando hablamos de periodismo cultural? Desde luego, de la cartelera, que es en donde se queda plácidamente la mayoría de los intentos de lo que sin embargo nos empeñamos en seguir llamando periodismo cultural. Lo único que parece preocupar a programadores y artistas: que me mencionen en la prensa cuando estreno.

La cartelera, y los boletines de prensa asociados (no siempre bien hechos, casi siempre muy mal distribuidos), la cartelera y los boletines de prensa como el non plus ultra de un periodismo cultural mediocre. Una mínima audacia temática son las efemérides: hace tantos años que nació o que murió fulano o que se inauguró tal o cual edificio o la fiesta religiosa en un país risiblemente laico, las entrevistas de dossier por la repentina muerte de un famoso.

El periodismo cultural ha de ser un periodismo comprensivo, un periodismo que com-prende. De ahí la necesidad del distanciamiento, en el espacio y en el tiempo, un distanciamiento que ha de llevarnos a traspasar o a ignorar fronteras, quizá a insinuar nuevas fronteras.

El periodismo como una incesante conversación: un diálogo que siempre está cruzando fronteras: entre el pasado y el futuro para entender y narrar el presente, entre generaciones y entre culturas, entre disciplinas y locuras. Dialogar con los especialistas o los más curiosos en cierta disciplina: entender al cine desde la pintura, al teatro desde la música, a la fotografía desde la arquitectura. El azar del caleidoscopio, el periodismo cultural como un enorme cubo de Rubik que no espera ser resuelto sino continuamente manipulado.

El ejercicio del periodismo cultural como un continuo spin: movernos alrededor de la realidad, a través de la realidad, el esfuerzo -intelectual, a veces puramente físico- de explorar el espacio a la búsqueda de una perspectiva diferente: tenemos que movernos nosotros, o mover al objeto; el distanciamiento: a veces tenemos que entrecerrar los ojos para concentrar la mirada, y descubrir signos elocuentes en el campo visual periférico. El periodismo desde el lado oscuro de la sala, para utilizar la feliz expresión de la doctora Lucina Jiménez.

Siempre es posible encontrar un espacio (un tiempo) en el que coincidan incluso los seres más divergentes, así sea tan fugaz como el choque de partículas subatómicas que permite descubrir su existencia a partir de sus efectos, no sensibles. El periodismo cultural puede ser también la sonrisa del gato de Cheshire: permanecer en la imaginación del público cuando el acto artístico ha terminado.

Los cambios culturales son los más lentos, su duración es al menos de una generación. Nuestra tarea (nuestra responsabilidad) como periodistas culturales no es anunciar lo que se presentará mañana o la próxima semana, sino estudiar y mostrar lo que está sucediendo ahora mismo pero que alterará la vida cotidiana de la próxima generación. El periodista cultural debe saber mirar ese movimiento imperceptible, llamar la atención hacia ese movimiento imperceptible.

Ahí está el huevecillo de un gran reportaje acerca de algo que ya empieza a ser perceptible y que pronto nos estallará en la cara. Es el umbral, que pronto atravesaremos horrorizados, de la cuarta gran transformación cultural de Aguascalientes: el ferrocarril, el auge y la repentina y todavía inexplicada desaparición de los viñedos y los deshilados como referencia económica y cultural de Aguascalientes, el INEGI, y ahora Nissan.

Parece un exceso retórico, pero sé que esta última gran transformación cultural es la que colapsará a la ciudad de Aguascalientes: su metropolización, su des-humanización. La ciudad como el gran artefacto humano, el automóvil como el gran enemigo de la ciudad. Una ciudad ha de ser tan grande como la población que cabe en su plaza principal, una ciudad (humana) ha de ser de tal magnitud que nos permita caminarla de extremo a extremo sin fatiga, con sus límites siempre a la vista.

Ciudad, tiempo libre, vida cotidiana. Ciudad y cultura. “Una ciudad es incluso más poética que el campo, pues mientras la Naturaleza es un caos de fuerzas inconscientes una ciudad es un caos de fuerzas conscientes”, dice G. K. Chesterton (aunque a propósito de la novela negra, en un librito de Andreu Martin). La ciudad, el gran artefacto humano por excelencia, es la referencia fundante del periodismo cultural.

Transformamos la realidad en la medida y de la manera en que logramos cambiar la forma de acercarnos y comprenderla. Transformamos la realidad en función de nuestra transformación al acercarnos a la realidad y proponer una interpretación.

El periodismo cultural como una realidad aumentada, sólo que no con recursos tecnológicos sino con los viejos y siempre ricos recursos de la imaginación y la retórica. El periodismo como parte integrante de un modelo de comunicación cultural ahora ausente en las instituciones del arte y la cultura de Aguascalientes. El periodismo que acompaña a la cultura.


Esta conferencia fue presentada el 28 de octubre de 2016 en el Laboratorio Universitario de Periodismo de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (Locus), y es la base del ensayo que entregaré como producto terminal del proyecto Seminario de Periodismo Cultural en Aguascalientes, que se desarrolla durante 2016 con recursos del Programa de Estímulo a la Creación y el Desarrollo Artístico de Aguascalientes (PECDA).

lunes, 23 de junio de 2014

Leer, conversar, decir

Proyecto presentado a la Secretaría de Desarrollo Social del Ayuntamiento de Aguascalientes, mayo de 2014:

Nombre del proyecto
Leer, conversar, decir

Objetivo general
Crear espacios comunitarios para la lectura, para el encuentro de los lectores con otros lectores y con escritores, y para el aprendizaje de la expresión radiofónica.

Objetivos particulares
  • detección de organizaciones comunitarias e inclusión de agentes locales de participación comunitaria
  • animación de espacios públicos con propósitos de convivencia, aprendizaje y recreación
  • ofrecer opciones de reconocimiento y participación para niños, niñas y adolescentes
  • fomento de la lectura y el aprecio de los libros como recursos de memoria e imaginación
  • apertura al público de acervos de libros, particularmente de escritores aguascalentenses y de la región
  • de esta manera, propiciar talleres de apreciación y de creación literarias
  • valorar a la conversación y el diálogo como recursos indispensables para la convivencia armónica de las comunidades y la solución sin violencia de conflictos
  • valoración de la tradición oral de las comunidades y la importancia de la memoria escrita
  • valoración de los ancianos como portadores de tradición y sabiduría
  • la radio como recurso accesible de información, comunicación y expresión comunitarias
  • elaboración de una metodología de intervención comunitaria mediante la literatura y la radio

Justificación

Los libros son contenedores de la memoria y de la imaginación de la humanidad. El acceso a los libros es indispensable para organizar nuestras visiones de la realidad y para asegurar la transmisión del conocimiento más allá de nuestra generación y de nuestra comunidad. Pero el solo acceso a los libros no basta, se requiere propiciar su utilización inteligente mediante diversas prácticas de lectura, que es decir los múltiples modos de apropiación de los libros según las necesidades de cada lector, las condiciones de cada espacio para leer, la disposición de momentos para leer, la posibilidad de compartir la lectura con otros lectores, etcétera.

La construcción de espacios comunitarios para la lectura compartida es, entonces, el primer paso de nuestro proyecto: no sólo facilitar el acceso a los libros, sino motivar su utilización inteligente para comprender la propia realidad, condición necesaria para la transformación de esta realidad como resultado de iniciativas colectivas nacidas de la conversación pública como estrategia de identidad y actividad comunitarias.

Por otra parte, la radio es un medio -de información, de comunicación y de expresión- que sobresale por sus cualidades de accesibilidad y economía: es fácil y divertido aprender a hacer radio, el aprendizaje y la producción pueden hacerse con equipos ligeros y móviles, la producción y la difusión de los mensajes son sencillas y baratas, su alcance puede ser muy amplio si se difunde por las ondas hertzianas convencionales, pero lo es mucho más si se coloca en un sitio propio en internet, en donde además puede permanecer como podcast para escucharse y descargarse en cualquier momento. Además estamos imaginando otras formas de difusión, que resultarán precisamente del trabajo en los talleres de radio comunitaria que proponemos, por ejemplo grabaciones en los autobuses urbanos o circuitos de bocinas en parques y mercados.

Nuestro lema es “La radio es de quien la escucha”, que sugiere precisamente la importancia de que una comunidad se organice para imaginar y producir sus propios mensajes radiofónicos, que los radioescuchas se formen en la crítica y así se apropien de la tecnología y el lenguaje de la radio para utilizarlos de acuerdo con su realidad y sus recursos y en beneficio de la misma comunidad, de manera que esta comunidad termina por hacerse cargo de la defensa y el mantenimiento de su radio.

Así, uno de los propósitos fundamentales de nuestro proyecto es propiciar o fortalecer la organización de grupos comunitarios, alrededor de problemas de la vida cotidiana que de esta manera pueden encontrar un cauce adecuado para su planteamiento y solución. En el caso de éste proyecto, tal organización comunitaria dispondrá de un acervo bibliográfico propio y de la capacidad de utilizarlo y acrecentarlo, así como dispondrá del adiestramiento para la expresión radiofónica de sus propios mensajes y de capacidad para gestionar su difusión y para obtener equipamiento técnico.

El beneficio que procura éste proyecto es la utilización del libro como instrumento de comprensión de la realidad e imaginación de alternativas, la generación de espacios y ocasiones para compartir la experiencia de lectura y conversar con otros lectores, y la capacidad para imaginar, diseñar, producir y compartir sus propios mensajes mediante el lenguaje radiofónico. Esta actitud y el desarrollo de estos recursos se trasladarán de por sí a cualesquiera otras actividades comunitarias organizadas.

El proyecto está abierto para toda la población de una cierta comunidad, y ciertamente el conjunto de esta población será beneficiada de alguna forma, pero estamos interesados en trabajar inicialmente con primeros lectores, que es decir niñas, niños y adolescentes, tal vez el segmento de la población más vulnerable pero también el destinatario más receptivo pues se encuentra en pleno proceso de formación de valores y habilidades para la vida.

paralaoreja ac está constituida como asociación civil desde octubre de 2011 pero ha trabajado durante 19 años en la promoción de la radio comunitaria y particularmente de la radio con niños y adolescentes. Ha organizado encuentros regionales de productores de radio para niños y adolescentes (Ciudad de México 1994, Guadalajara 1995, Xalapa 1998, San Luis Potosí 2006 y Aguascalientes 2012) y ha entregado dos veces el Premio Para la Oreja a la Creatividad Radiofónica para Niños y Adolescentes (Xalapa 2002 y Puebla 2012).

Libros Vagabundos es un colectivo independiente, una red de bibliotecas callejeras, surgido en la ciudad de Aguascalientes por un grupo de jóvenes de esta misma ciudad. Con el objetivo de fomentar la práctica de la lectura, se dedican al préstamo gratuito de los libros así como el fácil acceso a ellos. Pensaron: si la gente no va a los libros, que los libros vayan a la gente. Teniendo 20 meses activos, el proyecto se ha extendido a 26 ciudades de nuestro país, 1 de Colombia y 2 de Perú. Con el lema “Se prestan libros gratis”, podemos encontrarlos cada jueves y domingo en la plaza principal de la ciudad de 5 pm a 8 pm.

El proyecto es emprendido por cuatro integrantes de ambas organizaciones. Dos de ellos, participantes en el Diplomado de Profesionalización de Mediadores de Salas de Lectura, convocado en Aguascalientes por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Instituto Cultural de Aguascalientes.


Plan de trabajo

Se trabajará durante seis meses -de junio a noviembre de 2014- en seis colonias, de entre las consideradas por la Secretaría de Desarrollo Social del Ayuntamiento de Aguascalientes en cumplimiento del Plan de Desarrollo Municipal 2014-2016. En las cuatro colonias se crearán seis espacios comunitarios de lectura colectiva y un taller de expresión radiofónica, preparados para seguir operando regularmente.

La estancia de trabajo para iniciar éste proyecto es de tres meses en cada una de las seis colonias, en los lugares y durante los horarios decididos de acuerdo con las prácticas comunitarias cotidianas y con la disposición de habitantes locales que se agregan para participar.

Se ofrece un acervo inicial de libros, integrado por préstamos y donaciones, que son la base para iniciar dinámicas de participación comunitaria en torno a la lectura. En cada sesión se agregan libros al acervo del espacio de lectura en formación, y al cabo de tres meses de trabajo se integra un acervo inicial con entre 50 y 100 libros propios. Una de las tareas de los espacios de lectura formados es organizar la donación de libros para acrecentar el acervo propio, así como programar círculos de lectura y encuentros periódicos de lectores con escritores.

Desde el segundo mes se inicia en el mismo sitio el trabajo del taller de expresión radiofónica, con el mismo grupo que se integra para hacerse cargo de continuar la operación del espacio comunitario de lectura y conversación.

Por nuestra propia experiencia, puede estimarse que en cada jornada de aproximadamente 2 horas en un espacio de lectura como los seis que estableceremos participan entre 50 y 100 personas. El taller de expresión radiofónica podrá producir hasta 60 minutos por semana, con 100 ó más escuchas. Los seis grupos de trabajo formados al cabo de nuestro proyecto tendrán un espacio en las redes sociales para desarrollar contactos en sus comunidades.

Se trabaja alrededor de ejes como el diálogo para la solución no violenta de los conflictos, prevención de violencia y delincuencia, o detección de problemas individuales de abuso infantil, embarazo precoz o tendencias suicidas, por ejemplo. La lectura y la radio se ofrecen como alternativas de ocupación inteligente del tiempo libre, para el reconocimiento identitario en la vida comunitaria y el fortalecimiento de la autoestima, o para motivar opciones vocacionales hacia especialidades académicas y oficios.

Los espacios de lectura y los talleres de radio abiertos en una colonia no son abandonados al iniciar el trabajo en una siguiente colonia: se mantiene la atención mediante el enlace constante con los agentes comunitarios, y de hecho se procura que se comparta la experiencia en una colonia para iniciar el trabajo en las otras cinco colonias que comprende el proyecto. Asimismo, se procuran interacciones de los grupos integrados en las seis colonias, para intercambiar y discutir experiencias particulares, para compartir información y recursos, y para planear actividades conjuntas en beneficio de cada grupo y de la ciudad.


Lugares

Colonia Ojocaliente I
Colonia Rodolfo Landeros Gallegos
Colonia La Estrella
Colonia España
Colonia Colinas del Río
Colonia Casablanca

Las colonias se encuentran en la relación de colonias establecidas por la Secretaría de Desarrollo Social del Ayuntamiento de Aguascalientes para el programa “Acciones por tu colonia”. Las primeras cuatro colonias pertenecen a la Delegación Terán, Libros Vagabundos ha estado trabajando en la Delegación Centro, y las últimas tres colonias pertenecen a las otras tres delegaciones del municipio: Insurgentes, Pocitos y Morelos.

El criterio para seleccionar estas colonias es fundamentalmente la presencia en ellas de integrantes de paralaoreja ac y de Libros Vagabundos (asociación civil en formación), quienes al habitar en ellas facilitan el inicio del proyecto y la integración de grupos de trabajo.


Calendarización

junio-agosto de 2014:
Colonia Ojocaliente I

julio-septiembre:
Colonia Rodolfo Landeros

agosto-octubre:
Colonia La Estrella

septiembre-noviembre:
Colonia España

octubre-noviembre:
Colonia Colinas del Río

noviembre:
Colonia Casablanca


Beneficiarios

Habitantes de seis colonias de las cinco delegaciones administrativas del Ayuntamiento de Aguascalientes. En primera instancia, quienes participen directamente en el establecimiento de los espacios comunitarios de lectura colectiva y en los talleres de expresión radiofónica. En última instancia, también sus familiares, y el conjunto de sus comunidades en cuanto se trata de experiencias necesariamente compartidas y que tienden a generar nuevas actitudes de convivencia y participación.

En cada una de las seis colonias consideradas para éste proyecto se espera integrar grupos de entre cinco y diez personas con participación regular. El proyecto procura integrar grupos de trabajo comunitario que sigan creciendo con dinámicas propias, de manera que al cabo de los seis meses del proyecto se espera que estén trabajando en total entre cuarenta y cincuenta personas directamente en sus comunidades.

La integración de estos grupos dependerá de quienes respondan a nuestra convocatoria y se integren a las prácticas de participación propuestas. La convocatoria es abierta para cualquiera interesado, sin ninguna exclusión, pero procuraremos una atención particular a niños, niñas y adolescentes.

jueves, 7 de noviembre de 2013

El periodista necesario

La cultura independiente en los medios de comunicación: participo en esta ecuación como creador y como promotor de proyectos culturales, y he sido periodista durante más de treinta años. Trato de integrar mi experiencia como fundador de un proyecto de radio comunitaria y radio para niños, con mi experiencia profesional de treinta años en el oficio de periodista, y con mi esfuerzo actual por dar forma a una agencia de información cultural, esto es, un medio de comunicación propio. Además, ahora vivo y trabajo fuera de la capital, por lo que también en este sentido puedo aportar una visión diferente, alejado del ruido y la furia de la ciudad de México.

No me detendré en tratar de definir a la cultura o a problematizar la categoría de “cultura independiente”, el sentido común nos da bastantes coincidencias. Supongo que el gran tema de esta serie de mesas redondas se refiere a la cultura de los muy diversos grupos de artistas que no dependen orgánicamente -aunque con frecuencia sí presupuestalmente- de los gobiernos o de las universidades, histórica y jurídicamente los únicos grandes mecenas del arte y la cultura en nuestro país. Supongo también que nos referimos a los grandes medios de comunicación: diarios, revistas, radio y televisión.

Yo quiero hablar de la necesidad de que los grupos culturales independientes se apropien de los medios, o que construyan sus propios medios, pero sobre todo que aprendan y se organicen para generar sus propios mensajes y, lo que me parece muy importante pero que siempre se soslaya, que los grupos culturales independientes por fin valoren el oficio de los periodistas como los organizadores y los portadores de su información, que se valore a los periodistas como trabajadores especializados, profesionales necesarios.

Lo que yo reivindico es la posición central, esencial del periodista, del constructor de noticias y editor de su significación pública. Es lo que anima a mi taller de periodismo cultural en Aguascalientes: cualquiera puede aprender -cualquiera debería poder aprender, y ejercer- el oficio de periodista. Pero es un oficio que, como cualquiera otro, debe aprenderse antes de ejercerlo.

Pero ser un periodista amateur, “periodista ciudadano”, comunicador comunitario, está sujeto a las mismas técnicas y a la misma ética que el periodismo profesional. Periodismo es periodismo.

Ahora abundan quienes juegan a ser periodistas en las redes sociales, confunden noticias con opiniones, no opinan sino que repiten opiniones -esas deplorables fotos estridentes con un par de líneas simplonas y el llamado histérico a compartirlas antes de que quién sabe quién las censure-, se apresuran a replicar rumores sin ninguna verificación y nunca, jamás se disculpan cuando se equivocan, que es casi siempre. Sin embargo, las redes sociales son medios y recursos muy efectivos, definitivamente más eficaces que las alternativas al uso en mis tiempos escolares del “periodismo marginal”: construir noticias al margen de los grandes medios corporativos, mercantiles o institucionales, informar desde los márgenes, colocando en el centro a los grandes temas. Participar en la conversación pública con noticias propias.

Hay una necesidad evidente de difusión particularmente de los grupos culturales independientes, y no sólo por los grandes medios tradicionales. ¿Qué información nos interesa?

“En los últimos años es el móvil -el teléfono celular- el que está posibilitando un montón de avances. Por ejemplo, en cuestiones como el envío de dinero a través de la banca móvil, el acceso a contenidos educativos, la mejora de la salud pública y también el empoderamiento de pequeños productores, que ahora reciben información de primera mano sobre el precio de los productos con los que comercian”. Creo que esta es la información a la que finalmente nos referimos: la ordenación de datos, la verificación de sus fuentes, la construcción de noticias, la producción de información. Información útil para la vida cotidiana, de las comunidades y de sus creadores.

En Aguascalientes la relación de los grupos culturales independientes con los medios de comunicación es muy similiar a la que se ha desarrollado en la ciudad de México, pero diferente de muchas otras maneras. La actividad artística es muy intensa, y muy escasos los espacios en los medios locales: la presencia de la cultura en los medios es casi inexistente, apenas un diario -que publica casi sólo boletines- y las estaciones de radio del gobierno y de la universidad pública del estado.

Fuera de la ciudad de México es más evidente la necesidad de concentrarse en lo local, que es donde se hace contacto con el público: el público que crece con el artista. Fuera de la ciudad de México, también, es muy evidente que sólo cuando se habla de la televisión y de ciertas radiodifusoras-franquicia es posible hablar de “medios nacionales”: los diarios que se publican en la ciudad de México, y la inmensa mayoría de las estaciones de radio -incluso todas las permisionadas- no son medios nacionales sino medios locales, sólo que de una localidad grandota. Aunque, también es cierto, son los medios con vocación cultural de la ciudad de México los que acuden a ciertos acontecimientos locales o regionales y les aseguran proyección nacional e incluso internacional, una tendencia que no comparten los medios locales atrapados por su preciaria subsistencia.

Los medios comunitarios no responden a la lógica mercantil de la radio y la televisión concesionados, que hacen negocio vendiendo muy libremente sus tiempos y, como dijo cínicamente en alguna Bienal de Radio un representante del grupo español Prisa, aliado en México a la W, “nosotros no vendemos tiempo, vendemos orejas”: el público como mercancía. Los medios comunitarios tampoco responden a la lógica institucional de la radio y la televisión permisionados -o autoconcesionados, como los extraños casos del canal 22 y algunas estaciones del Imer-, que buscan no rentabilidad financiera sino rentabilidad institucional.

Los medios institucionales abren espacios a la información de los grupos independientes porque es su obligación, en cuanto que operan con dinero público; los medios mercantiles lo hacen como un servicio adicional a sus usuarios, que tarde o temprano de alguna forma les cobrarán. En cualquier caso, se trata de la sociedad civil ejerciendo su derecho a la información: el derecho de los ciudadanos no sólo a ser informados por los medios, sino a informar por los medios.

Menciono las dos posibilidades en las que se ha avanzado más o menos concientemente, más o menos efectivamente. Una es ocupar espacios en los medios comerciales o institucionales. Muchas radios, por ejemplo, sobre todo en los estados (y esto sólo sorprende a quienes se detienen a reflexionar sobre estos temas con la perspectiva de la capital), se abren continuamente y se mantienen abiertas sin demasiada heroicidad, si se sabe motivarlas: en los medios mercantiles lo que más importa es la dimensión económica de la cultura, la cultura que genera valor en toda la cadena de producción cultural. Y no olvidar a Conaculta y a Notimex como medios de información: aprendamos a explotar la lógica de la agencia, la multiplicación de los boletines, algunos realmente muy bien escritos.

¿Un medio de comunicación propio? Son palabras mayores. Para desarrollar un medio propio debemos considerar -y resolver- problemas financieros, técnicos, jurídicos, políticos y profesionales. Sí es posible, pero muy costoso, en tiempo y en dinero.

Hasta ahora nos ha bastado con que nos abran espacios, pero desde luego se trata no sólo de apropiarse de espacios en medios ya existentes sino de crear espacios propios, de iniciar procesos de comunicación propios. Se trata, así, de generar contenidos -noticiosos, informativos, periodísticos- pero -insistiré en esto- necesariamente mediados por el oficio del periodista, con sus reglas, sus técnicas y su ética, que valen y son exigibles en cualquier medio. También en el periodismo amateur, la comunicación comunitaria o como queramos llamarle.

Recordemos que la noticia se construye, la noticia no es el hecho sino el relato de ese hecho. Entonces, ¿cuál es el hecho cultural que nos interesa comunicar? Tal vez la existencia misma, la actividad misma de un cierto grupo cultural independiente, de una cierta comunidad. Este es el valor que debemos cultivar, y definir, antes de comunicarlo.

Pero además la comunidad, el artista, requiere información propia para reconocerse y desarrollarse. Así es que por una parte necesita acopiar información del exterior, para definir y contrastar sus propios signos de identidad, y por otra parte necesita hacer circular esa información entre sus integrantes: hacerla común, comunicarla. Es decir, mediante la información hacerse comunidad, ser comunidad.

El otro espacio en el que la comunidad, el artista, requiere información propía es el único espacio que acostumbramos mencionar cuando nos reunimos a hablar de la cultura independiente y la comunicación: la información hacia el exterior, la información cultural al encuentro de su público. En este caso, lo vital -porque si no se hace, y habitualmente no se hace o se hace mal- es definir el público al que se quiere llegar. Por tanto, se trata de conocer al público de cada medio antes de acudir a ese medio: reconocer las políticas editoriales y mercantiles de cada medio, y ajustarnos a sus condiciones estructurales para colocar nuestro mensaje: por ejemplo, para estar en la televisión necesitamos imágenes más o menos espectaculares, un discurso sencillo y emocional.

Y en este marco es donde se reconoce la disposición de cierto comunicador -reportero o editor-, tal vez bienintencionado pero seguramente condicionado: ciertamente, no siempre son los medios -o sus jefes y editores- los que “abren el espacio”, con más frecuencia son directamente los periodistas que trabajan en estos medios, que al fin y al cabo son los que tienen contacto cotidiano con los grupos artísticos y asisten a sus actividades.

Ahora bien, si valoramos a nuestra comunidad, nuestro grupo, su identidad y su actividad cultural, si lo valoramos más allá del acontecimiento cultural mismo, si revelamos su valor económico o político, no tenemos por qué limitarnos a las secciones de cultura, muchas veces inexistentes o demasiado pobres: desde la cultura un medio se nos abre al infinito, podemos llegar con nuestra información a cualquier sección y a cualquier colaborador.

Más: el público de un medio no necesariamente es nuestro público, y más frecuentemente el público que nos interesa no encuentra información cultural en el medio que lo informa. Los periódicos sensacionalistas y las radios-a-gritos que tanto despreciamos son quienes tienen al público que nos interesa. O de otra forma: los públicos que interesan a los artistas no necesariamente son los públicos de los medios abiertos a escuchar a esos artistas, por lo que así estaríamos disipando nuestra información y agotando nuestros recursos y nuestro tiempo.

Es posible ir directamente a ése público. Pero primero -insistiré también en esto- tenemos que definir a qué público queremos llegar, y enseguida tenemos que averiguar cómo se entera ese público de lo que le interesa. Entonces, y sólo entonces, podremos generar nuestro mensaje adecuado al medio usual del público que nos interesa. Tal vez una barda pintada y no un boletín de prensa.

En resumen: el artista -la comunidad- debe buscar a un comunicador afín (un comunicador profesional, es decir, un comunicador preparado para hacer un trabajo especializado, y que cobra por hacer ese trabajo), generar sus propios contenidos, adecuados para el público de su interés, y colocarlos en los medios de información usuales precisamente para ese público.

En fin, aprendamos a usar a los medios: a cada medio un público, a cada medio un mensaje. ¿Y cuál es el mensaje? El artista es el mensaje, porque el artista siempre lo es y no sólo cuando está presentando su creación al público: el artista es artista cuando concibe su obra, cuando la escribe, la ensaya, la gestiona. Y el periodismo cultural debe acompañar al artista durante todo este proceso, para que los públicos conozcan al artista y se reconozcan en su obra más allá del estreno: el arte como un proceso, y no como un “evento”. El público le da sentido a ese proceso, el público no es un espectador sino un cómplice de ese proceso.

En la reciente II Cumbre Continental de Comunicación Indígena, realizada en el territorio mixe de Tlahuitoltepec, Oaxaca, en octubre, se recomendó “dar el mensaje más allá de si se tienen o no medios”, usar “la comunicación indígena como herramienta política”, y una “necesaria alianza de medios y universidades para un proceso de formación de los comunicadores”. Las conclusiones de una de sus mesas de trabajo piden “no sólo intentar entrar al sistema (de comunicación), sino construir uno. Construir un discurso propio y establecer con él la agenda de los medios, propios y ajenos. Revalorar las formas ancestrales de comunicación. Pasar de ser objeto a ser sujeto, de ser la imagen a ser creadores de imágenes”. Se propone “una comunicación propositiva, con contenidos locales, participativos, prácticos”. “Para construir el desarrollo desde los pueblos, para construir interculturalidad: conocer y diferenciar al otro sin discriminarlo, con una identidad clara se puede ser universal sin dejar de ser uno mismo. La condición es esa: ser uno mismo primero”. Y “si no tenemos suficiente tecnología, o cultura tecnológica, usemos la creatividad”, no al victimismo.

Primero, debe aceptarse que es indispensable un buen diagnóstico, de nuestras necesidades y de nuestros recursos, de lo que queremos y -sobre todo- de lo que realmente podemos hacer en cuanto a comunicación.

Segundo, y esto me parece aún más importante, debe aceptarse -y hablo de aceptación como lo hacen los psicoanalistas, el momento final de un proceso de paso por una pérdida traumática- que la “cultura” que expresa, que porta, que presenta nuestro grupo es tan cambiante como la realidad, y -sobre todo- que las estrategias y los productos de comunicación también son necesariamente cambiantes. En cada momento cambia nuestra cultura, cambia la realidad, cambian nuestras relaciones con esa realidad, y por tanto también cambian las formas y los medios de comunicación de nuestra cultura.

Tercero, hay ciertos principios que por algo lo son, y en el caso del periodismo -como técnica de comunicación periódica y regular de cierta información- estos principios también deben reconocerse, y desde luego aplicarse, lo mismo en los entrañables periódicos murales que en las caóticas y catárticas redes sociales.

Cuarto, la exigencia de excelencia, el orgullo de la eficacia. Recordar que lo “comunitario” es un apellido que no exime de la exigencia de excelencia, al contrario. Como aquella escena de “La batalla de Argel”: denme uno de sus aviones bombarderos, y les entrego todas nuestras canastas con explosivos. Es decir: “si esto hago casi sin recursos, imaginen lo que haría con una concesión y un presupuesto”. Como diríamos en mis tiempos de escuela, seamos comunicadores alternativos, que aspiran a ser además comunicadores alterativos: comunicar su propia realidad, y alterar la realidad que los limita y condiciona.

¿Qué hacer? Aprender periodismo, hacer periodismo. Generar mensajes propios, mensajes de calidad, eficaces, pertinentes. El periodismo es un oficio que se aprende con la práctica continua, si se tiene una firme base teórica y un inteligente acompañamiento de maestros. Cualquiera puede aprender periodismo. Pero sólo quienes saben hacer periodismo deberían hacer periodismo, para hacer un buen servicio a los grupos independientes. Crear cadenas de valor, emplear a los periodistas.

Propongo concebir al periodismo cultural como estrategia para la formación de públicos, incluso con la mediación de los grandes periódicos impresos o audiovisuales. El propósito no es ganar los medios, ni siquiera crear medios propios. Como su nombre lo indica, son mediaciones, puntos intermedios. El propósito es ganar públicos. Comunicar a los creadores con sus públicos.

Vuelvo a resumir: 1) segmentar nuestro público objetivo 2) averiguar cómo se informa 3) entonces, y sólo entonces, iniciar el diseño de mensajes, siempre en función de los medios con los que se informa nuestro público objetivo. ¿Quiénes, cuántos se enteran por las carteleras de los diarios, o -mucho menos importantes- de radio y de televisión? O de otra forma: ¿cómo se enteran quienes llenan por miles los conciertos de música grupera, o de rock? Pues eso: pintas en las bardas, volantes en otros conciertos... Pero también, por qué no, recursos jamás intentados, como spots en los peseros...

“Hace falta difusión”, es la coartada más usada. Creo que no hace falta más difusión, sino mejor difusión. Y para esto son necesarios los periodistas. Y los medios, por supuesto; pero ¿qué medios?; y más importante: ¿cómo?, que es decir ¿qué mensajes colocar en qué medios, en qué momento? Entonces, de lo que se trata es de cómo usar qué medios para transmitir qué.

Es decir, pasemos del (buen) periodismo informativo, con los recursos y en los medios realmente disponibles, al periodismo persuasivo (no la pura propaganda ideologizada y habitualmente intolerante), y al periodismo imperativo: el periodismo para la acción.

(Conferencia presentada en la mesa redonda sobre la cultura independiente y los medios de comunicación organizada por la Asamblea por la Cultura y la Democracia (Acude) que preside mi amigo Jorge Pantoja, el jueves 7 de noviembre de 2013 en el auditorio de Radio UNAM en la Ciudad de Mëxico).

martes, 5 de noviembre de 2013

La radio que crece

Una característica de la radio para los niños en México es su fugacidad, su precariedad, su inestabilidad. Es difícil un censo de programas y productores: ahora estás aquí haciendo radio para niños, mañana quién sabe. Pero -en el centro del país- resulta que “Chinchilagua” en Zacatecas se prepara para celebrar -el 1 de noviembre- sus quince años, “Hola, hola, hola” en San Luis Potosí festejó en julio trece años al aire y “Dimensión colorida” en Guadalajara ya llegó a sus primeros doce años.

“Chinchilagua” es una serie de radio para niños creada por Jael Alvarado y Efraín Martínez desde la inexistente radio de la Universidad Autónoma de Zacatecas: “se inició como un proyecto de la Dirección de Enseñanza Artística, su objetivo era promover el arte y la cultura entre el público infantil”. Ahora se transmite los domingos a las 10 de la mañana por Radio Zacatecas. Durante quince años ha ganado varios premios, como el tercer lugar en la Bienal Internacional de Radio en 2004 o el primer lugar del concurso de la Red de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales de México en 2007.

“Hola, hola, hola”, una persistente invención de Neri Fernández -maestra de danza contemporánea y cantante de son cubano- cumplió en julio trece años al aire, los sábados y los domingos a las 8 de la mañana por Radio Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

“Dimensión colorida” (tercer lugar del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en 2008), que produce Alicia Caldera para Radio Universidad de Guadalajara, los sábados a las 10 de la mañana, comenzó por la necesidad de continuar “El saltaperico”. Ahí se inició como hacedora de radio -ahí la conocí hace casi veinte años-, ahora es maestra en Lingüística, vivo ejemplo de la radio que crece con los niños y los niños que crecen con la radio. “El director me encargó que continuara el proyecto de formaciòn de públicos y productores y conductores... He pensado muchísimo por qué lo mantengo”.

“La catarina” se transmite -desde enero de 2011- los sábados a las 12:00 por Radio Vital de Guadalajara (continúa "De pico picorendo" iniciado en junio de 2005): música, cuentos, entrevistas, “contenidos que buscan promover el pensamiento crítico y la participación”, “la participación de los usuarios -niños, jóvenes, mamás, educadoras, abuelos- me motiva a continuar”.

“La matraca” es la única serie de radio para niños al aire en Aguascalientes. Se inició (“De tin marín”) en abril de 2007 en Radio y TV de Aguascalientes; con el cambio de gobierno la confinaron al fin de semana para abrir un noticiero, pero pronto, por la presión de sus escuchas, recuperó el horario de 7:00 a 9:00 todos los días: “al principio sí fue pesado pero ya me acostumbré, no lo siento pesado porque hago lo que me gusta y amo a los niños”.

Jael Alvarado en “Chinchilagua”, Alicia Caldera en “Dimensión colorida”, Neri Fernández en “Hola, hola, hola”, Yademira López en “La catarina”, Jois Sánchez en “La matraca”, ¿por qué persisten?, “sobre todo ahora que soy mamá y que el chiquillo me necesita todo el día, todos los días”: “porque hay pocos proyectos locales de radio para niños y no queremos dejar desamparado a ese público, además es un trabajo que me gusta mucho, lo más importante es haber aprendido a ver el mundo con las orejas”, “por el objetivo con el que nació: la formación de público y de productores, además es un espacio increíble de creación y de gozo, lo más importante es ver cómo mis compañeros crecen en edad, en conocimientos y en formación ciudadana”.

Pero la permanencia es un riesgo. He escuchado programas con otro nombre pero incluso con la misma rúbrica, que suenan igual que hace cinco o diez años. La radio cambia, los niños tampoco son los mismos, pero ciertos productores permanecen con sus viejos vicios y limitaciones. ¿Qué hacer? Sí, seguiremos platicando.

(Versión editada de las columnas "De cultura" publicadas el 5 y el 12 de noviembre en El Sol del Centro y en otros seis diarios de Organización Editorial Mexicana).

martes, 5 de marzo de 2013

Primer informe bimestral



Primer informe bimestral del proyecto “Había una vez... un niño”
Convocatoria 2012-2013 del
Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico de Aguascalientes

El proyecto “Había una vez... un niño” fue registrado en la categoría de Investigación y difusión del patrimonio cultural. Su objetivo es “Investigar y difundir la narrativa de Aguascalientes, utilizando a la radio como medio, y procurando la participación de los niños en diálogo con los autores y con la tercera edad”.

Para asegurar el sentido de ésta investigación, y como auxiliar para documentarla, se invitó como asesor literario del proyecto al maestro Ricardo Esquer, arquitecto y poeta, autor de numerosos ensayos y artículos periodísticos sobre el tema, y él mismo autor de varios libros de poesía. En las primeras dos reuniones de trabajo con nuestro asesor literario se sugirió iniciar con la revisión de varias compilaciones de ensayos y antologías, que han sido valiosas para determinar a los autores con los que se trabajará, tanto históricos (fundamentalmente de fines del siglo XIX) como contemporáneos (en general, nacidos después de 1960), así como la lectura de varias obras de poesía y narrativa indispensables para entender la historia de la literatura en Aguascalientes.

De acuerdo con el proyecto presentado al Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, se investigará sobre la literatura de Aguascalientes en tres fuentes: literatura histórica, literatura contemporánea, y tradición oral. En el primer bimestre de este proyecto anual se inició una investigación bibliográfica en el acervo del Centro de Investigación y Estudios Literarios de Aguascalientes (CIELA), en donde -del 29 de enero al 28 de febrero- se cumplieron diez sesiones de lectura y anotación de diversos textos. Posteriormente se continuará la investigación bibliográfica y hemerográfica en fuentes impresas, en internet, y mediante entrevistas con investigadores, para complementar y precisar los resultados.

No se realiza una investigación exhaustiva, sino indicativa, pues la intención del proyecto es ofrecer a la literatura de Aguascalientes como motivo para la expresión radiofónica de las niñas y los niños. Los programas radiofónicos que resulten del proyecto, a su vez, serán útiles para que los radioescuchas, particularmente las niñas y los niños, desarrollen su interés por las obras literarias de los autores locales, y contribuirán a comprender a la literatura como otro recurso para contar historias y dar forma a su imaginación. En el núcleo del proyecto se mantiene la promoción del uso de la radio como medio de información, de comunicación y de expresión para las niñas y los niños.

De esta manera, un criterio principal de la investigación desde su primera etapa es localizar textos literarios de probable interés para las niñas y los niños que integran el taller de radio indicado en el proyecto, textos literarios apropiados por la información escolar y vital de que ahora disponen las niñas y los niños del taller de radio. Que los estimule a leer poemas, cuentos cortos o fragmentos de novelas escritos por aguascalentenses, y a conocer la biografía mínima de estos autores así como su importancia en la literatura nacional. Que los anime para darles una forma radiofónica, para hacer radio desde su incipiente experiencia literaria.

Entonces, otro criterio principal es precisamente seleccionar los textos literarios imaginando sus posibles usos radiofónicos en el taller de radio con niñas y niños. Las fichas biobibliográficas que se preparan durante la investigación son la base de los guiones radiofónicos con los que se producirán los programas que resultarán del proyecto.

Una parte esencial del proyecto consiste en el diálogo que los niños establecerán con los viejos de su comunidad por medio de la radio, el reconocimiento de que los ancianos son portadores de una tradición literaria importante aunque no se exprese ni se guarde por escrito. Para este propósito en particular se seleccionan textos como la base para extender una experiencia literaria (poesía, narrativa, ensayo), por ejemplo, hasta la recreación radiofónica de viejas fotografías de familia, o la referencia a ciertas transformaciones urbanas.

El proyecto comprende la realización de un taller de radio con niñas y niños. En cuanto se trabaja con textos literarios, y con datos biobibliográficos de poetas, narradores y ensayistas, éste taller es una aproximación a la literatura, y de cierta manera una iniciación al conocimiento de la historia de la literatura de Aguascalientes. Se han previsto también ejercicios de entrevista con algunos autores locales. Pero no es un taller de literatura, sino de radio: las niñas y los niños que participan toman a la literatura como el pretexto y el contexto para expresarse radiofónicamente, dialogando con los autores y con sus visiones de la realidad. Por ejemplo, aparecieron personajes que han dado nombre a algunas de las calles de la ciudad capital, por lo que son familiares para las niñas y los niños con los que se trabaja en el taller de radio, de manera que pueden ser motivantes para indagar sobre la ciudad misma y sus sonoridades.

Algunos de los primeros temas para el trabajo en el taller de radio con niñas y niños, que posteriormente darán origen a los guiones radiofónicos para la producción de varios programas, son los siguientes:

  • Canciones.
  • Fotografías.
  • La ciudad.
  • Ramón López Velarde.
  • Víctor Sandoval y “Fraguas”.

De la lectura de los textos seleccionados pueden resultar no sólo propuestas temáticas, sino también por géneros y formatos radiofónicos. Por ejemplo: radionovela, reportaje o programa musical.

Estas listas se ajustarán constantemente a los intereses y habilidades radiofónicas de las niñas y los niños del taller, pero el criterio para integrarla es similar.

El taller de radio con niñas y niños, que aprovechará la investigación realizada como base del proyecto, y del que resultarán las grabaciones de audio con las que se producirán los programas ofrecidos como resultado final, se realiza en el espacio abierto de la Línea Verde donde cruzan las avenidas Poliducto y Mariano Hidalgo, al sureste de la ciudad de Aguascalientes. El inicio del taller se agendó para el domingo 3 de marzo con un ejercicio de programación en vivo, con un doble propósito: primero, celebrar festivamente el Día Internacional de la TV y la Radio a favor de los Niños; segundo, como una actividad pública para anunciar e integrar el taller. El taller de radio con niñas y niños se realizará en ocho sesiones de aproximadamente dos horas, los domingos desde las 11:00 horas, del 10 de marzo al 28 de abril. Durante el taller se realizarán ejercicios de locución, entrevista, musicalización y efectos sonoros, guionismo y producción.


Aguascalientes, Ags., 1 de marzo de 2013