- Canciones.
- Fotografías.
- La ciudad.
- Ramón López Velarde.
- Víctor Sandoval y “Fraguas”.
Este es un espacio para ensayar ideas y para publicar algunas reflexiones sobre el periodismo y la red con una perspectiva comunitaria.
martes, 5 de marzo de 2013
Primer informe bimestral
lunes, 7 de enero de 2013
Había una vez... un niño
- permitirá conocer la narrativa creada en Aguascalientes en varios momentos históricos, como literatura escrita y como tradición oral
- propiciará la participación de niños en diálogo con los autores de esa narrativa, y además procurará llegar precisamente a un público infantil
- utilizará a la radio como un recurso de gran penetración y muy económico para su difusión por distintos medios
- La investigación bibliográfica y hemerográfica será realizada en fuentes impresas, en internet, y mediante entrevistas con investigadores. Se elaborarán fichas de investigación como base para guiones radiofónicos.
- Las entrevistas con escritores contemporáneos e investigadores serán realizadas por niños y niñas. Estas entrevistas se grabarán en audio y en video, y se registrarán en fotografía. Las entrevistas realizadas se transcribirán.
- Las entrevistas con ancianos informantes serán realizadas con estas mismas características.
- Con los niños y las niñas participantes en el proyecto se organizará un taller, para aprender los elementos de la producción radiofónica y, particularmente, de la entrevista.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Escribimos para ser, leídos
lunes, 8 de octubre de 2012
La narración radiofónica
El programa académico de la novena Bienal Internacional de Radio, que se realizó del 1 al 6 de octubre en la ciudad de México y que fue posible seguir en internet, pronto encontró un motivo de importancia central: la narración radiofónica, la narratividad de la radio, la narratividad en la radio. Estos son unos primeros apuntes para un ensayo mayor, con lo que quiero iniciar un seminario en el próximo encuentro de productores de radio para niños en Zacatecas.
Extraordinariamente
estimulante Jesús Martín Barbero en la primera conferencia magistral. La radio: ¿cómo puede morir el único medio que
habla desde la oralidad?, que es no el pasado del mundo sino su futuro;
el mundo digital tiene mucho más que ver con la oralidad que con la
palabra escrita; un viejo-nuevo, novísimo objeto de estudio que no ha
dejado de transformarse, como no ha
dejado de transformarse el habla de la gente; lo digital está más cerca
de lo oral que de lo escrito; el chat es una transcripción de lo oral,
no es escritura, no se le puede pedir la ortografía de la escritura;
internet, como lo oral, es el mundo de lo efímero, la escritura en
internet es otra cosa; internet no es un medio más: es otra cultura, que
desestabiliza lo escrito y transforma lo oral: lo que está en crisis
son las narrativas...
Más
de Barbero: los nuevos relatos están en los videojuegos... contar
significa hacer relatos, pero también ser tenido en cuenta, y hacer
cuentas: hay que saber contarse... Y también: la derecha, y la
izquierda, confunden lo público con lo estatal... público es lo que
ponemos en común Estado (uno) y sociedad (diversísima)... Y por
fin: no hay que saber leer para ser buen ciudadano, hay que saber
escribir: derecho a informar y no sólo a ser informado (derecho a hacer radio y no sólo derecho a escuchar radio)...
Algunas
observaciones no por repetidas menos atractivas de Néstor García
Canclini, en la segunda conferencia magistral: el
riesgo para la radio no es la espectacularización sino la verborrea, el
gran desafío de la radio es cómo hablar del silencio... habitamos la
ciudad con los oídos, las recientes tecnologías de la información dan
alternativas orales para probar otros sentidos,
propician mayor libertad a los usuarios en intercambio con otros, otra
visión de la ciudad se nutre del habla... si la radio está viva es por
su capacidad de acompañamiento, porque llega mucho antes a lo que
sucede... en cualquier lugar encuentra a sus audiencias, tiene mayor
libertad para hablar de todos los temas, la narrativa radial incorpora
actores ausentes en otros medios, los individualiza desde su
especificidad local... la radio no acaba de decirnos todo, y a nosotros
nos falta aprender a escucharla...
Alejandro
Piscitelli y su explosiva incitación a imaginar y a inventar con otras
formas, en la cuarta conferencia magistral: somos hijos de los relatos, el arrullo materno y su nostalgia...
pero actualmente existen ficciones inmersivas, acciones performativas,
transmedia: un nuevo modo, un nuevo orden narrativo está operando,
necesitamos aprender a contar de una forma distinta y por tanto
necesitamos una dinámica de trabajo distinta...
un equipo interdisciplinario pero no en el sentido convencional: que
cada persona sea dos o tres personas diferentes, cada uno
multidisciplinario en sí mismo... no aprende la cabeza, aprende el
cuerpo, estamos acostumbrados a enseñarle a la cabeza nada más, pero es
totalmente distinto: necesitamos generar dispositivos que exigen la
intervención, diseñar interfases para trabajar en grupo, nuevas formas
de interacción... un diseño participativo, enjambres de ideas, fusiones y
cruces de líneas, devolver valor a la cultura de la experimentación, a
la cultura del fracaso (la escuela aborrece el fracaso, la escuela sólo
recompensa el éxito, la reproducción de lo instituido)... cómo construir
postorganizaciones que hagan pasar del genio individual al genio
colectivo: bandas creativas... aprender a enseñar con la boca cerrada,
aprender a aprender con todos los sentidos...
Omar
Rincón, divertidísimo, hablando de los formatos radiofónicos en la
quinta conferencia magistral, “cuatro relatos y un final feliz”: no
importa el contenido, importa la narrativa... primero, las lecciones de
los maestros: una revancha de lo escritural, una nueva oralidad / el
problema de la radio no es que sea espectáculo, es que habla demasiado:
no es hablar, es narrar lo que hay que hacer
en la radio / cómo desde la comunicación se puede producir ciudadanía /
hoy crear en comunicación es crear en banda... segundo, tres
“meteoritos” que han cambiado la comunicación: internet, ciudadanía,
nuevos sujetos, que requieren nuevas narrativas, que no hemos convertido
en nueva comunicación... tercero, la radio está demasiado formolizada,
huele a cadáver: se oye una emisora y se oyen todas; en la radio más que
contarnos historias quieren ilustrarnos, el abuso de los efectos
sonoros que no deja oir; pausas para abrir el diálogo con el oyente: dar
tiempo para la conversación; estamos perdiendo la capacidad de
seducción, que es contar historias... cuarto, repensar la radio: cuál es
el lugar cultural de la radio, en qué ritual cultural entra la radio, o
no podremos hablar a la sociedad; repensar los discursos, seguimos
hablando como si la realidad no cambiara; inspirarnos en nuestras
oralidades, practicar lo popular: no se basa en la producción de
conocimientos sino en la producción de reconocimientos, todos los tonos
tienen derecho de expresión radiofónica; ¿dónde está la calidad?, el
valor está en la colectividad que genera, en los temas de conversación
que propone; el primer objetivo es narrar bien: la radio es conversación
y compañía, la radio no es de profundidad sino de navegación; el guión
es un atentado si no es algo que diga narrativamente a dónde quiero
llevar al oyente, qué camino le propongo; cada historia tiene su forma
de contar, que se debe descubrir... happy end: hoy lo que importa es
producir experiencias; tener qué decir y ganarse la escucha; recordar
que la radio es ritmo: ¡a hacer radio bailando!... bárbaro.
José
Iges cierra anticlimáticamente, con la sexta conferencia magistral que sin embargo continúa y concluye también el seminario Resonantes que él curó: el silencio absoluto no
existe, y no hay dos silencios iguales... la costumbre de habitar un
lugar y la costumbre de percibirlo sensorialmente... interferencia,
sobreponer paisajes sonoros: arqueología de sonidos, traer sonidos
naturales a entornos urbanos... no una amplificación sino una
interferencia, un doble paisaje doblemente acústico que genera otro tipo
de percepciones y de comportamientos...
Muy
interesante la intervención de James Llul, que intenta una analogía
entre la teoría de la comunicación y la teoría de la evolución, en la
segunda mesa de discusión: somos comunicadores naturales; como
las abejas: somos individuos en sociedad... las audiencias de la radio
son formas de organización social, una manera de pensar anónima, grupal;
la radio da confianza en personas no conocidas...
las redes sociales son extensiones de las herramientas originales del
homo habilis; ahora hay una explosión de formatos, cambios en la
experiencia de ser miembro de una audiencia... en la actualidad, con
individuos fragmentados y dispersos, ¿qué significa comunidad?, ¿todavía
se pueden formar comunidades con la radio?, ¿cuáles formatos funcionan
mejor?...
Mariano
Cebrián, profuso y divagante, en la tercera mesa de debate,
habla del big bang o la expansión de la radio y la necesidad de
entenderla en la integración de plataformas de comunicación: cuando se
diseña el producto sonoro, pensar en cómo explotarlo en cada plataforma,
combinar usos para enriquecer el mensaje y hacerlo llegar de la mejor
manera; cross media, un salto más allá deuna
única plataforma (AM, FM, satelital, internet, smartphone)... debemos
plantearnos de qué radio hablamos, usamos de forma abstracta el término:
examinar las sinergias y la diversidad de plataformas en las que la
radio puede aparecer... entender al espacio virtual como espacio
público, todo lo que ahí aparece deja de ser íntimo... nuestras
conversaciones cotidianas llegan a las redes sociales, desde la
chabacanería hasta la competencia con el periodismo... sectores que no
funcionan de manera aislada o enfrentada, el gran desarrollo ahora es
que se está produciendo otro ámbito de comunicación...
Gabriela
Warkentin, en la quinta mesa, llama la atención sobre la
multiplicación de contenidos que realmente significa fragmentación de
escuchas: se dice que estamos en la sociedad de la conversación, pero
ahora -ojalá que sea un momento previo- realmente estamos en una
sociedad del ruido: todos hablamos y nadie escucha... más que conversar,
estamos en una exploración constante de los propios contenidos... el encuentro con el otro se vuelve prácticamente
imposible: en nuestra preocupación por llenar espacios de silencio,
llegamos al tiempo de gritar, ¿quién va a escuchar todos esos
contenidos?, ¿cómo vamos a crear a nuestras audiencias?... sigo a, soy
amigo de la gente que piensa como yo y ve el mundo como yo: la fatiga
informativa nos lleva a encerrarnos en nuestras burbujas... los que
hacemos radio no escuchamos, la audiencia no es interpelada, está
creando sus propios contenidos... la necesidad de buscar una fórmula
de diálogo en torno de los contenidos, pero sobre todo de una producción
con lógica en red, pero nos unimos en red para resolver problemas de
producción y no para compartir la creación de sentido, cómo crear nuevas
redes en un mundo que exige una flexibilidad diferente...
Por cierto, un par de horas después Omar Rincón la criticó, con razón: ella también habló y no se quedó a escuchar...
Ricardo Haye,
otra vez, en la sexta y última mesa, aunque con menos
fuerza que en su intervención de la víspera en el seminario Resonantes: reconsiderar el concepto de fugacidad de la radio, los textos
sonoros ahora están fijos, permanecen en la red, permiten elegir la
posibilidad de la escucha... también reconsiderar la unisensorialidad de
la radio: una tela pintada puede tener equivalentes en un lienzo
sonoro, la radio puede actuar sobre las emociones y las sensaciones, una exacerbacón sensorial... pensar la radio con
imágenes, representaciones mentales generadas por una variedad de
estímulos sensoriales... atreverse a pensar en expandir los órdenes de
percepción de la radio, la radio misma está sobrepasando sus límites
históricos... audacia, experimentación, ideas y formas insuficientemente
desarrolladas para crear nuevos estímulos que reorganicen sus conceptos
artisticos... (aunque los ejemplos que presentó sonaron de lo más
convencional).
El programa académico de la novena Bienal Internacional de Radio, que se realizó del 1 al 6 de octubre en la ciudad de México y que fue posible seguir en internet, pronto encontró un motivo de importancia central: la narración radiofónica, la narratividad de la radio, la narratividad en la radio. Estos son unos primeros apuntes para un ensayo mayor, con lo que quiero iniciar un seminario en el próximo encuentro de productores de radio para niños en Zacatecas.
Extraordinariamente
estimulante Jesús Martín Barbero en la primera conferencia magistral. La radio: ¿cómo puede morir el único medio que
habla desde la oralidad?, que es no el pasado del mundo sino su futuro;
el mundo digital tiene mucho más que ver con la oralidad que con la
palabra escrita; un viejo-nuevo, novísimo objeto de estudio que no ha
dejado de transformarse, como no ha
dejado de transformarse el habla de la gente; lo digital está más cerca
de lo oral que de lo escrito; el chat es una transcripción de lo oral,
no es escritura, no se le puede pedir la ortografía de la escritura;
internet, como lo oral, es el mundo de lo efímero, la escritura en
internet es otra cosa; internet no es un medio más: es otra cultura, que
desestabiliza lo escrito y transforma lo oral: lo que está en crisis
son las narrativas...
Más
de Barbero: los nuevos relatos están en los videojuegos... contar
significa hacer relatos, pero también ser tenido en cuenta, y hacer
cuentas: hay que saber contarse... Y también: la derecha, y la
izquierda, confunden lo público con lo estatal... público es lo que
ponemos en común Estado (uno) y sociedad (diversísima)... Y por
fin: no hay que saber leer para ser buen ciudadano, hay que saber
escribir: derecho a informar y no sólo a ser informado (derecho a hacer radio y no sólo derecho a escuchar radio)...
Algunas
observaciones no por repetidas menos atractivas de Néstor García
Canclini, en la segunda conferencia magistral: el
riesgo para la radio no es la espectacularización sino la verborrea, el
gran desafío de la radio es cómo hablar del silencio... habitamos la
ciudad con los oídos, las recientes tecnologías de la información dan
alternativas orales para probar otros sentidos,
propician mayor libertad a los usuarios en intercambio con otros, otra
visión de la ciudad se nutre del habla... si la radio está viva es por
su capacidad de acompañamiento, porque llega mucho antes a lo que
sucede... en cualquier lugar encuentra a sus audiencias, tiene mayor
libertad para hablar de todos los temas, la narrativa radial incorpora
actores ausentes en otros medios, los individualiza desde su
especificidad local... la radio no acaba de decirnos todo, y a nosotros
nos falta aprender a escucharla...
El programa académico de la novena Bienal Internacional de Radio, que se realizó del 1 al 6 de octubre en la ciudad de México y que fue posible seguir en internet, pronto encontró un motivo de importancia central: la narración radiofónica, la narratividad de la radio, la narratividad en la radio. Estos son unos primeros apuntes para un ensayo mayor, con lo que quiero iniciar un seminario en el próximo encuentro de productores de radio para niños en Zacatecas.
Extraordinariamente estimulante Jesús Martín Barbero en la primera conferencia magistral. La radio: ¿cómo puede morir el único medio que habla desde la oralidad?, que es no el pasado del mundo sino su futuro; el mundo digital tiene mucho más que ver con la oralidad que con la palabra escrita; un viejo-nuevo, novísimo objeto de estudio que no ha dejado de transformarse, como no ha dejado de transformarse el habla de la gente; lo digital está más cerca de lo oral que de lo escrito; el chat es una transcripción de lo oral, no es escritura, no se le puede pedir la ortografía de la escritura; internet, como lo oral, es el mundo de lo efímero, la escritura en internet es otra cosa; internet no es un medio más: es otra cultura, que desestabiliza lo escrito y transforma lo oral: lo que está en crisis son las narrativas...
Más de Barbero: los nuevos relatos están en los videojuegos... contar significa hacer relatos, pero también ser tenido en cuenta, y hacer cuentas: hay que saber contarse... Y también: la derecha, y la izquierda, confunden lo público con lo estatal... público es lo que ponemos en común Estado (uno) y sociedad (diversísima)... Y por fin: no hay que saber leer para ser buen ciudadano, hay que saber escribir: derecho a informar y no sólo a ser informado (derecho a hacer radio y no sólo derecho a escuchar radio)...
Algunas observaciones no por repetidas menos atractivas de Néstor García Canclini, en la segunda conferencia magistral: el riesgo para la radio no es la espectacularización sino la verborrea, el gran desafío de la radio es cómo hablar del silencio... habitamos la ciudad con los oídos, las recientes tecnologías de la información dan alternativas orales para probar otros sentidos, propician mayor libertad a los usuarios en intercambio con otros, otra visión de la ciudad se nutre del habla... si la radio está viva es por su capacidad de acompañamiento, porque llega mucho antes a lo que sucede... en cualquier lugar encuentra a sus audiencias, tiene mayor libertad para hablar de todos los temas, la narrativa radial incorpora actores ausentes en otros medios, los individualiza desde su especificidad local... la radio no acaba de decirnos todo, y a nosotros nos falta aprender a escucharla...
Alejandro
Piscitelli y su explosiva incitación a imaginar y a inventar con otras
formas, en la cuarta conferencia magistral: somos hijos de los relatos, el arrullo materno y su nostalgia...
pero actualmente existen ficciones inmersivas, acciones performativas,
transmedia: un nuevo modo, un nuevo orden narrativo está operando,
necesitamos aprender a contar de una forma distinta y por tanto
necesitamos una dinámica de trabajo distinta...
un equipo interdisciplinario pero no en el sentido convencional: que
cada persona sea dos o tres personas diferentes, cada uno
multidisciplinario en sí mismo... no aprende la cabeza, aprende el
cuerpo, estamos acostumbrados a enseñarle a la cabeza nada más, pero es
totalmente distinto: necesitamos generar dispositivos que exigen la
intervención, diseñar interfases para trabajar en grupo, nuevas formas
de interacción... un diseño participativo, enjambres de ideas, fusiones y
cruces de líneas, devolver valor a la cultura de la experimentación, a
la cultura del fracaso (la escuela aborrece el fracaso, la escuela sólo
recompensa el éxito, la reproducción de lo instituido)... cómo construir
postorganizaciones que hagan pasar del genio individual al genio
colectivo: bandas creativas... aprender a enseñar con la boca cerrada,
aprender a aprender con todos los sentidos...
Omar Rincón, divertidísimo, hablando de los formatos radiofónicos en la quinta conferencia magistral, “cuatro relatos y un final feliz”: no importa el contenido, importa la narrativa... primero, las lecciones de los maestros: una revancha de lo escritural, una nueva oralidad / el problema de la radio no es que sea espectáculo, es que habla demasiado: no es hablar, es narrar lo que hay que hacer en la radio / cómo desde la comunicación se puede producir ciudadanía / hoy crear en comunicación es crear en banda... segundo, tres “meteoritos” que han cambiado la comunicación: internet, ciudadanía, nuevos sujetos, que requieren nuevas narrativas, que no hemos convertido en nueva comunicación... tercero, la radio está demasiado formolizada, huele a cadáver: se oye una emisora y se oyen todas; en la radio más que contarnos historias quieren ilustrarnos, el abuso de los efectos sonoros que no deja oir; pausas para abrir el diálogo con el oyente: dar tiempo para la conversación; estamos perdiendo la capacidad de seducción, que es contar historias... cuarto, repensar la radio: cuál es el lugar cultural de la radio, en qué ritual cultural entra la radio, o no podremos hablar a la sociedad; repensar los discursos, seguimos hablando como si la realidad no cambiara; inspirarnos en nuestras oralidades, practicar lo popular: no se basa en la producción de conocimientos sino en la producción de reconocimientos, todos los tonos tienen derecho de expresión radiofónica; ¿dónde está la calidad?, el valor está en la colectividad que genera, en los temas de conversación que propone; el primer objetivo es narrar bien: la radio es conversación y compañía, la radio no es de profundidad sino de navegación; el guión es un atentado si no es algo que diga narrativamente a dónde quiero llevar al oyente, qué camino le propongo; cada historia tiene su forma de contar, que se debe descubrir... happy end: hoy lo que importa es producir experiencias; tener qué decir y ganarse la escucha; recordar que la radio es ritmo: ¡a hacer radio bailando!... bárbaro.
José
Iges cierra anticlimáticamente, con la sexta conferencia magistral que sin embargo continúa y concluye también el seminario Resonantes que él curó: el silencio absoluto no
existe, y no hay dos silencios iguales... la costumbre de habitar un
lugar y la costumbre de percibirlo sensorialmente... interferencia,
sobreponer paisajes sonoros: arqueología de sonidos, traer sonidos
naturales a entornos urbanos... no una amplificación sino una
interferencia, un doble paisaje doblemente acústico que genera otro tipo
de percepciones y de comportamientos...
José Iges cierra anticlimáticamente, con la sexta conferencia magistral que sin embargo continúa y concluye también el seminario Resonantes que él curó: el silencio absoluto no existe, y no hay dos silencios iguales... la costumbre de habitar un lugar y la costumbre de percibirlo sensorialmente... interferencia, sobreponer paisajes sonoros: arqueología de sonidos, traer sonidos naturales a entornos urbanos... no una amplificación sino una interferencia, un doble paisaje doblemente acústico que genera otro tipo de percepciones y de comportamientos...
Muy interesante la intervención de James Llul, que intenta una analogía entre la teoría de la comunicación y la teoría de la evolución, en la segunda mesa de discusión: somos comunicadores naturales; como las abejas: somos individuos en sociedad... las audiencias de la radio son formas de organización social, una manera de pensar anónima, grupal; la radio da confianza en personas no conocidas... las redes sociales son extensiones de las herramientas originales del homo habilis; ahora hay una explosión de formatos, cambios en la experiencia de ser miembro de una audiencia... en la actualidad, con individuos fragmentados y dispersos, ¿qué significa comunidad?, ¿todavía se pueden formar comunidades con la radio?, ¿cuáles formatos funcionan mejor?...
Mariano Cebrián, profuso y divagante, en la tercera mesa de debate, habla del big bang o la expansión de la radio y la necesidad de entenderla en la integración de plataformas de comunicación: cuando se diseña el producto sonoro, pensar en cómo explotarlo en cada plataforma, combinar usos para enriquecer el mensaje y hacerlo llegar de la mejor manera; cross media, un salto más allá deuna única plataforma (AM, FM, satelital, internet, smartphone)... debemos plantearnos de qué radio hablamos, usamos de forma abstracta el término: examinar las sinergias y la diversidad de plataformas en las que la radio puede aparecer... entender al espacio virtual como espacio público, todo lo que ahí aparece deja de ser íntimo... nuestras conversaciones cotidianas llegan a las redes sociales, desde la chabacanería hasta la competencia con el periodismo... sectores que no funcionan de manera aislada o enfrentada, el gran desarrollo ahora es que se está produciendo otro ámbito de comunicación...
Gabriela
Warkentin, en la quinta mesa, llama la atención sobre la
multiplicación de contenidos que realmente significa fragmentación de
escuchas: se dice que estamos en la sociedad de la conversación, pero
ahora -ojalá que sea un momento previo- realmente estamos en una
sociedad del ruido: todos hablamos y nadie escucha... más que conversar,
estamos en una exploración constante de los propios contenidos... el encuentro con el otro se vuelve prácticamente
imposible: en nuestra preocupación por llenar espacios de silencio,
llegamos al tiempo de gritar, ¿quién va a escuchar todos esos
contenidos?, ¿cómo vamos a crear a nuestras audiencias?... sigo a, soy
amigo de la gente que piensa como yo y ve el mundo como yo: la fatiga
informativa nos lleva a encerrarnos en nuestras burbujas... los que
hacemos radio no escuchamos, la audiencia no es interpelada, está
creando sus propios contenidos... la necesidad de buscar una fórmula
de diálogo en torno de los contenidos, pero sobre todo de una producción
con lógica en red, pero nos unimos en red para resolver problemas de
producción y no para compartir la creación de sentido, cómo crear nuevas
redes en un mundo que exige una flexibilidad diferente...
Por cierto, un par de horas después Omar Rincón la criticó, con razón: ella también habló y no se quedó a escuchar...
Ricardo Haye,
otra vez, en la sexta y última mesa, aunque con menos
fuerza que en su intervención de la víspera en el seminario Resonantes: reconsiderar el concepto de fugacidad de la radio, los textos
sonoros ahora están fijos, permanecen en la red, permiten elegir la
posibilidad de la escucha... también reconsiderar la unisensorialidad de
la radio: una tela pintada puede tener equivalentes en un lienzo
sonoro, la radio puede actuar sobre las emociones y las sensaciones, una exacerbacón sensorial... pensar la radio con
imágenes, representaciones mentales generadas por una variedad de
estímulos sensoriales... atreverse a pensar en expandir los órdenes de
percepción de la radio, la radio misma está sobrepasando sus límites
históricos... audacia, experimentación, ideas y formas insuficientemente
desarrolladas para crear nuevos estímulos que reorganicen sus conceptos
artisticos... (aunque los ejemplos que presentó sonaron de lo más
convencional).Por cierto, un par de horas después Omar Rincón la criticó, con razón: ella también habló y no se quedó a escuchar...
La ficción radiofónica apareció también desde la primera mesa del seminario Resonantes, con el estimulante Ricardo Haye: de tramas y pesonajes, la radio se ha vaciado de relatos... es necesario un nuevo estatuto para la ambigüedad (sin ambigüedad no hay ilusión y sin ilusión no hay arte), recuperar el espacio de los relatos... tres citas de Nietszche: primero, los mensajes que se guardan en los pliegues de una historia son más cautivantes (la razón narrativa), una forma de conocimiento y comprensión distinta a la discursiva... segundo, el género del futuro será el fragmento, ¿qué mayor sensación de ausencia que la incompletiud de una escriturea fragmentaria?, la insinuación que nada explicita, la evocación no mediatizada de una posibilidad que se anuncia y no se enuncia... la radio en tiempos de fragmentación: pautas nuevas en la recepción y en la comprensión de los mensajes... atención a la fragmentación en el nivel de la recepción, secuencias sin sentido, inconexas e incluso contradictorias... el fin de los largos parlamentos ante la menguante atención que los propios medios contribuyeron a instalar, ¿cómo contar hoy?... tercero, la fantasía, una posibilidad notable para comprender la realidad: ¡la sonoridad de una habitación vacía!... límites dinámicos ante audacias expresivas... la radio que no interpela a los sentidos contribuye a que continúen atrofiados... prestar voz radiofonica a lo que no es, a lo que podría ser, a lo que no será nunca... reclamar a nuestra radio que nos arrulle con relatos, que vuelva a seducirnos con aquel cálido “te voy a contar”...
Dejo pendiente una edición más intencionada de todas estas ideas en el sentido del seminario que imagino, pero ya están aquí todos los elementos sobre los que quiero seguir trabajando en un ensayo-seminario-taller-curso-libro o qué sé yo ahora sobre el guión radiofónico, particularmente el que se usaría en un programa para niños. Vale.
martes, 31 de julio de 2012
Radio a colores
Esto es lo que sucede este fin de semana en Puebla: decenas de productores y aprendices de la radio para los niños (y los adolescentes) se reunen para hablar de qué es y cómo usar la radio, si queremos una sociedad armónica con espacio para todos. Un encuentro regional que ya es anual y que ahora es, otra vez, un estimulante ejercicio de juventud por contagio: productores jovencísimos tomando el relevo, compartiendo la discusión con veteranos hacedores de la radio para los niños. Y un premio a una colega menor de 30 años: el Segundo Premio ¡Para la Oreja! a la Creatividad Radiofónica para Niños y Adolescentes, para Jacqueline Bedolla Sámano. Bienvenida, bienvenidos todos al alegre desafío de seguir construyendo una radio a colores para los niños.
(Texto leído en la inauguración del tercer encuentro regional anual de productores de radio para niños, Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, Puebla, viernes 27 de julio de 2012).
miércoles, 13 de junio de 2012
Cultura viva, radio propia
Por otra parte, la Cultura se identifica con la acumulación dedatos más o menos eruditos, más o menos triviales, habitualmente inertes, inocuos. Así, un hombre "culto" es alguien que puede recitar datos que a todos asombran, algunos envidian y a nadie le sirven. Vemos venir a un hombre "culto" y no nos alegramos con la posibilidad de una conversación interesante de la que podemos tener nuestra ración diaria de nuevos conocimientos, no, vemos venir a un hombre "culto" y nos cambiamos de acera, para evitar que nos embarre en la cara nuestra ignorancia y nos empequeñezca como pobres diablos incapaces de decir el nombre científico del colibrí.
Hace veinte años, poco más o menos, se dio por agregar un apellido a esta palabrita que ahora manoseamos para hacerla más accesible a nuestra experiencia cotidiana, por ejempo para quienes por ningún motivo se aventuraban al interior de un museum (el sitio donde habitan las musas, ¿ven cómo no se puede estar un ratito quieto sin que nos gane la tentación?) Se hablaba entonces de "cultura popular", y se consumieron miles de páginas y de horas tratando de darle una forma definida a este par de palabras, y sobre todo convenciendo a la gente no-culta de que, cómo no, sí era culta sólo que de otra manera más noble, con el prestigio de lo políticamente correcto, y sobre todo realmente al alcance de cualquiera puesto que ni siquiera era necesario ir a la escuela para tener "cultura popular".
De ahí a la total distorsión que del concepto de cultura han desarrollado los antropólogos desde el siglo antepasado no había más que un pasito, que desde luego todos dieron alegremente, y durante años y años nos conformamos con que por un lado había Cultura con mayúscula, en la que algunos privilegiados o despistados participamos a cambio de lo mucho o poco que cuesta el boleto para asistir a un "evento cultural", y por otro lado había "cultura popular", experiencia que alimentábamos con la simple -a veces demasiado simple- condición de ser, así nomás: soy como soy, es nuestra cultura. Y todos contentos.
Y así llegamos a donde estamos ahora, ustedes asistiendo a un "evento" de Cultura que da mucho prestigio porque no sucede todos los días, y acá de este lado de la realidad yo, tratando de llegar sin demasiados raspones a la idea de que sí, de veras, por más que le demos vueltas "cultura es todo lo que hacemos, y cómo lo hacemos".
Sobre todo esto: cómo hacemos lo que hacemos, cómo cultivamos lo que sabemos y lo que creemos, cómo aprendemos y transmitimos los símbolos en los que nos reconocemos como un grupo humano, cómo nos organizamos para transformar la naturaleza, usar las tecnologías, consumir la energía.
Por eso hablar de cultura implica, necesariamente, hablar de comunidad. Y desde luego toda comunidad tiene cultura, es cultura. Cultura es lo que hacemos, sabemos,imaginamos en común.
Pero estas comunidades, las de nosotros y las de los otros, estos grupos de personas vivas que se encuentran y se reconocen en sitios, recuerdos, sueños, miedos, fiestas, vicios compartidos, estas comunidades que podemos identificar por el modito de hablar y de caminar, por sus costumbres en la mesa y en la cama, por sus actitudes ante los extranjeros y ante sus muertos, estas personas, digo, son personas vivas, y no pueden más que formar comunidades vivas, que se hacen y se deshacen y se rehacen continuamente. Es decir, estas formas de ser y de hacer, de recordar y de celebrar y de soñar y de tener, se transforman día con día. Las comunidades están vivas, sus culturas están vivas.
Pero como esta no es una conferencia sobre la cultura y sus definiciones (vaya, ni siquiera estoy seguro de que resulte ser una conferencia), pasemos enseguida a hablar de lo que a todos aquí nos interesa, que es la radio.
La radio es un medio. Lo hemos escuchado desde que nos iniciamos como radioescuchas, y para identificar a la radio como "un medio de comunicación", y además "de masas", no necesitamos haber ido a ninguna escuela, y mucho menos de "ciencias de la comunicación".
Pero nosotros en el Centro Promotor de la Radio Comunitaria (Ceprac) hemos propuesto que dejemos de pensar a la radio como algo que está enmedio de dos personas, una que habla y otra que escucha, separadas y diferenciadas por el acceso al micrófono. La radio no debe ser algo que media, que se interpone entre el emisor y el receptor y los condena a ser un emisor y un receptor para siempre jamás. Todo lo contrario.
Nosotros creemos que la radio es un medio, sí, pero imaginado como un ambiente, un entorno compartido, un espacio que tenemos en común, enel que por lo tanto no tiene sentido mencionar a un emisor y a un receptor, ni siquiera con esa posibilidad de réplica que nos conceden graciosamente las viejas y autoritarias teorías de la comunicación. Nosotros decimos que la radio comunitaria se hace no para que nos escuchen, sino para que nos respondan. Es decir, la comunicación no se establece con la sola emisión de un mensaje, desde luego, pero tampoco hay comunicación si el emisor permite o tolera una réplica. Para la radio comunitaria, la comunicación empieza efectivamente sólo cuando "el otro" responde, cuando compartimos un diálogo y nos enriquecemos en él.
Escribió Octavio Paz en 1957: "Nunca la vida es nuestra, es de los otros. La vida no es de nadie, todos somos la vida, pan de sol para los otros, los otros todos que nosotros somos. Soy otro cuando soy, los actos míos son más míos si son también de todos. Para que pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia. No soy, no hay yo, siempre somos nosotros..."
No nos pongamos tan trágicos. No pensemos que si esto fuera un programa de radio ya habríamos cambiado a otra estación, con musiquita de estrellas fugaces y locutores vendiendo a gritos.
Lo que quiero decir es que la radio debe ser un "medio-ambiente" para compartir lo que es de todos y lo que es de nadie, que nos permita ser-con-los-otros, ser-en-los-otros. La radio debe ser un espacio de encuentro con otros que son como nosotros y con otros que no son como nosotros, un espacio común que nos permita reconocernos como individuos entre los iguales, un espacio común que defina y resalte nuestra identidad en el diálogo con otros individuos en sus propias comunidades, con sus propias culturas.
Entonces, sí, la radio comunitaria es un medio de comunicación.
Pero a nosotros nos importa una radio humana, una radio que hable a cada uno, una radio que no pierda a los individuos entre la multitud. Las radios comunitarias son radios que transmiten -cuando transmiten- con transmisores de baja potencia y cobertura limitada. La cobertura de las radios comunitarias, entonces, permite que las voces tengan rostro, nos encontramos fuera de la radio quienes hacemos y quienes escuchamos la radio, nos tenemos confianza porque nos conocemos día con día, compartimos la radio pero también la mesa, hacemos juntos la radio pero también las fiestas, escuchamos música e historias que nos hermanan como lo haríamos en la plaza, el tianguis, el patio.
Entonces, no, la radio comunitaria no es un medio de comunicación de masas.
Hablamos de una radio artesanal, una radio hecha a mano, una radio a escala humana... una radio en la que yo puedo caminar hasta donde alcanza la potencia de mi transmisor, una radio en la que puedo encontrarme cara a cara con uno de mis radioescuchas tan sólo saliendo a la calle...
Por ejemplo, una radio que usa los altavoces de la plaza principal del pueblo (en Tecamachalco, Puebla, los sábados y los domingos de octubre de 2002 hicimos durante seis horas un ejercicio de producción radiofónica, lo llamamos "radio por cable", una radio en onda cortísima hacia sus cuatro postes de bocinas). "En donde hay un Radson hay una radio", me decía un viejo maestro, y esa es por cierto la idea fundadora de nuestra propuesta de Radio Recreo: usar los equipos de sonido de las escuelas primarias para mucho más que el homenaje a la bandera... Pero la radio comunitaria también es una radio que puede tener, si lo necesita, un alcance mucho mayor, una radio que se sube a internet y aprovecha un traspondedor en el satélite, una radio que comparte su señal y se agrega a cadenas regionales o nacionales... Y una radio que nos acompaña en el tránsito a nuestro trabajo o nuestra escuela, y una radio que acompaña al migrante en su azaroso cruce de fronteras, una radio para llevar...
"La radio es de quien la escucha". Este es el lema con el que hemos trabajado desde 1995. Parece que lo dice todo acerca delo que nosotros entendemos, imaginamos, proponemos para construir un nuevo modelo de comunicación radiofónica en nuestro país, "la otra radio". Espero que al tratar de explicarlo no termine de ahogarlos en palabras, cuando casi llego al final de lo que vine a decirles.
Entre el primer uso militar y el último uso mercantil de todas las tecnologías novedosas siempre se siembra la semilla del uso social, comunitario, de los nuevos lenguajes y sus máquinas. Por ejemplo, internet, que transitó de una solución que permitiría en caso de conmoción mantener la comunicación de las bases de datos y los paneles de control de los grandes complejos de guerra, como se probó catastróficamente con los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York, hasta el momento actual en el que las trasnacionales del entretenimiento se debaten en la guerra a muerte contra diversas expresiones del espíritu original de la red: el "open source", la libre disposición de la información y de los recursos para acceder a la información, editarla y hacerla común, de Linux a Napster, o lo que ahora se llama "smart mobs", enormes comunidades inteligentes de peronas que quizá nunca se conocerán pero que pueden producir y divertirse juntos.
Después de todo, o antes que nada, la radio comunitaria encuentra su sentido original en este espíritu de compartir un recurso común. En efecto, y así lo han reconocido repetidamente diversos tratados internacionales, que con su ratificación el Senado de la República ha convertido en ley suprema para nuestro país, el espacio por el que se transmiten las ondas hertzianas -el mismo aire que respiramos- es de todos y por tanto de nadie en particular.
Pero si el espacio por el que la radio hace escuchar nuestras voces es común, ¿por qué la radio que sirve como vehículo a esas nuestras voces no es, de veras, común?
La radiodifusión en México se rige, todavía, por una ley que elaboraron -¡hace 42 años!- quienes serían los concesionarios de las frecuencias, los que hacen eso que todos conocemos como "radio comercial" y que en el nombre llevan la fama. Como lo dijo con ejemplar cinismo un ejecutivo de la corporación española Prisa en la reciente Bienal de Radio, apenas en mayo (de 2002): "nosotros no vendemos programas de radio, vendemos orejas". A confesión de parte, relevo de pruebas: para la radio mercantil, la radio que hace negocio con un bien nacional, el radioescucha es sólo moneda de cambio entre empresarios.
La única alternativa posible con esta vieja, anacrónica, excluyente, autoritaria legislación es lo que todos conocemos como "radio cultural", la radio permisionada, que pese a su crecimiento sigue siendo menos de un cuarto de las frecuencias asignadas en todo el país. Radios permisionadas son las radios universitarias, las radios indigenistas, las radios del gobierno federal (como Radio Educación y las estaciones del Instituto Mexicano de la Radio), y las radios de los gobiernos estatales y de algunos ayuntamientos. O sea, son radios institucionales, subordinadas orgánicamente a las instituciones que les dieron vida y las mantienen operando.
Otras radios permisionadas son las dos únicas radios de carácter comunitario autorizadas para transmitir, ambas en Veracruz: Radio Huayacocotla y Radio Teocelo. Todas estas radios no pueden tener anunciantes ni patrocinadores. Se les condena así no sólo a ser dependientes, sujetas a los caprichos de las autoridades en turno, en riesgo durante los cambios de administración; se les condena a no ser rentables, se les cancela su posibilidad de desarrollo, se les deja vulnerables a una aplicación severísima de la ley, esa ley que fue pensada y ha sido usada para mantener a la radio como un negocio de unos cuantos y no como posibilidades de comunicación y expresión para todos.
Las radios comunitarias se construyen con otra lógica, que no es ni la lógica de los empresarios ni la lógica de las instituciones. Esta otra lógica tiene que ver con el bienestar y el desarrollo de las comunidades. Las comunidades, entonces, son las que dan origen, sustento y dirección a sus propios proyectos radiofónicos, y es el bienestar y el desarrollo de las comunidades y no la tentación de las ganancias lo que da sentido a esta radio.
Comunidades fijas en el tiempo y en el espacio, comunidades dispersas geográficamente pero fácilmente reconocibles a través de la historia (como los judíos y los gitanos), comunidades efímeras como el Tianguis del Chopo en la ciudad de México o la que nos impone el azar mientras viajamos en el transporte colectivo.
Infinitas comunidades que van y vienen, en las que entramos y salimos, comunidades, grupos humanos con sus propios e irrepetibles signos de identidad. Comunidades, conjuntos de problemas y recursos, de relaciones y normas... y a cada una de estas infinitas comunidades humanas corresponde al menos una radio. Así de infinita es la radio comunitaria.
sábado, 21 de abril de 2012
Mis noches en San Marcos
Noche 6. Un grupo de jóvenes músicos capitalinos con nombre deplorable (¡La Internacional Sonora Balcanera!) propone otra forma de usar la tuba y la tambora que saturan sin cansancio (de veras, nadie se cansa del interminable viva Aguascalientes'n) el estruendoso y lentísimo río humano que es esta feria, noche tras noche. Música espasmódica con aires lo mismo gitanos que de hip hop, como nos lo enseñó Kusturika desde la década antepasada. Cuerpos convertidos en pistones, desafiando sutilmente a la gravedad, inevitablemente ondulantes por las tramposas notas de un par de clarinetes que son música profunda, sensualidad nocturna que quiere más. Y la señora tan ausente.
Noche 7. El 27 de abril llegué a Aguascalientes. Un año, desde esta madrugada. Fue mi más alta apuesta, un acto de amor extremo: vine a Aguascalientes para construir acá una forma de estar con... en fin, quemar las naves. Sí, estoy aquí porque quiero, estoy aquí porque la quiero, y aquí me quedo, resistiendo la ausencia. Ahora vivo en una casa con jardín, cerca de... y despegó el proyecto de radio comunitaria, y germina una antigua idea de periodismo cultural, y nació lamaga en mi imaginación que pronto se desbordará. Voy bien, y no me rindo, ahora (me) quiero más. Y espero. ¡Celebremos!
Noche 8. La noche se instala poco a poco en los habitantes de este extraño mundo al que día con día reanima el crepúsculo: el vaivén sinfin de un estruendoso río humano. Dibujo el rostro amado en cada uno de esos rostros claros, limpios, luminosos, que veo coronar a cuerpos de mujeres inevitablemente jóvenes -insolente piel desnuda- que se mueven con presurosa lentitud hacia todos los rumbos, el deseo estallando a cada paso, expuestos al viento tibio de la penumbra cómplice: alba de medianoche. Camino, recuerdo, imagino, miro, escucho. Mi celebración ha terminado. Así inicio mi segundo año en Aguascalientes.
Noche 9. Escucho a la distancia, inmóvil por la ausencia. Omnipresente música politonal que puede entristecernos si se toca en tono menor aunque en su superficie sea alegrísima, según explica el maestro Javier Platas. Estruendo que asombrosamente se deshilacha una calle adentro, donde restaurantes desolados se abren empeñosos al vacío. Mujeres vestidas para el combate que acompañan el inestable equilibrio de los machos aferrados a su inagotable lata de cerveza. Es madrugada, es otro día, y la vida quiere seguir orientada por otras sonrisas, pero... Sí, que viva Aguascalientes'n. Ahora soy de aquí. Aquí me quedo.
Noche 10. Domingo de familias, fin de semana de turistas. Niños estridentes correteando impunes por todos los rincones, rompiendo todas las filas, exasperando a los adultos que resisten y sonríen. Mediodía: el sol a 34 grados embrutece a la atrevida multitud, que se mueve azorada más por retirar las plantas del piso ardiente que por avanzar hacia alguna parte. Por fin, mi cauteloso regreso a casa, al encuentro de la siempre asombrosa agua helada, al sudor que desintoxica, a los brotes verdes en el jardín... A recordar aquel primer viaje a Guadalajara: “nunca nadie tanto..."
Noche 11. Lolita no entra acá, es extraña a esta multitud, la miran con asombro receloso mientras nos acomodamos frente al foro, saboreando el inesperado hielo raspado con sabor a alguna fruta. Aquí nos quedamos hoy, a la orilla de la fiesta, viendo pasar el lento río humano, mucho menos estruendoso aquí, tan cerca y tan lejos del epicentro. La Catrina. La presentación de su décimo número, dedicado a las niñas y los niños en su día. Lento regreso por calles saturadas. La casa con las luces encendidas. Anticipando la fiesta.
Noche 12. Nómada en la memoria de tu piel, náufrago a la orilla de tus ojos claros, damnificado bajo los escombros de tu sonrisa ausente manchada por el rencor, huérfano de esa tu mano entrelazada con la mía que sobrevive tibia en el fondo de mis sueños...
Hoy es su cumpleaños. Y yo lo celebro, amorosamente. Sí, yo quiero muchísimo a esta mujer.
Que el azar me regale la visión de tu figura, graciosamente bamboleante por el desequilibrio de tus rodillas. Que en otro encuentro sorpresivo me sea dado dibujar tu suave mirada marrón, mientras me pierdo en la sorda contemplación de tus labios, y mis ojos acarician tu largo cabello despeinado, y tú me reclamas no importa qué... Que la memoria me conserve como el habitante eterno de tu piel -desnuda ante el sol de la primera tarde plena- que me dio la bienvenida a las puertas de tu vida. Que no se pierda tu voz melodiosamente rasposita, que vuelva a decir palabras grandes rozando mi oído. Que así sea.
Y a salvo la memoria de aquella otra medianoche, tan cercana, el principio de una celebración todavía nuestra que ahora termina: un beso en la punta de tu nariz, tu rostro iluminado. Y seguimos jugando, interminablemente, puntos negros en fichas blancas, un juego que no quiero ganar, un juego que no puedo perder. Bésame mucho...
Noche 13. Medio día. Media semana. Es como cualquier domingo en la mañana: unos cuantos extraviados, recogiendo el espíritu maltrecho de la última celebración nocturna. El estruendo omnipresente es ahora sólo algún ensayo igualmente ruidoso. Y la presencia patética de las campañas electorales, vociferando entre bailes ridículos nombres que a nadie dicen nada. El vacío de la madrugada es propicio para el inesperado encuentro con un fantasma, por el que casi muero. Sea.
Noche 14. ¿Por qué me conmueve así el tren? El sonido del tren. ¿Por qué?, ¿qué entraña remueve, qué imagen invoca? El tren: un estruendo que se aleja. Que esta noche me deja acá, de regreso en este lado de la realidad, vagando en territorio comanche. Que no me deja compartir una caminata con alguien que no tiene la fuerza para... Y la lluvia, que tampoco termina de atreverse...
Noche 17. La voz prodigiosa de Iraida Noriega. La creatividad de Alex Otaloa con una guitarra acústica, una guitarra eléctrica, un par de sintetizadores. El ya no tan novedoso pero siempre fascinante arte efímero en arenilla o tinta húmeda de Pío, cineamano que concentra la vista y abre los oídos en la penumbra creciente del crepúsculo mientras el arte sonoro sucede en un foro elemental. Un regalo para quienes viven la feria desde sus orillas menos estruendosas. La noche es un falso vacío: la imaginación reconoce siempre los sonidos amados.
Noche 18. Entre el pulcro latin jazz japonés de la pianista Ritzuco Endo, su extraordinariamente potente baterista y su solvente bajista en la Casa de la Cultura, y la desganada aunque previsiblemente entusiasmante música “indie” de Vieux Farka Touré en el Foro del Lago, entre esos dos polos está la poesía narrativa de Jeremías Marquines, recibidor en esta misma noche del Premio Aguascalientes desde su diálogo con Malcolm Lowry en el “Acapulco golden” de los años 30. Para internarse en la madre madrugada, con la memoria del padre alcohol. Sin aliento.
Noche 19. Lolita se emociona ante el desafío. Y responde con excelencia, con orgullo. Un largo y alto puente, apenas el primero, ya marca la Rodada de esta noche. Carrera a 34 grados centígrados, sudor libre que se disipa en el oscuro pavimento, con la entrañable compañía del blues montado en las orejas. En la esquina noreste de la ciudad, ignorando de plano el estruendo de una fiesta en las vísperas de su final. Rodada no tan multitudinaria ni tan sonora, tal vez por la dificultad que se adivinaba: sólo 14 kilómetros, pero varios puentes que reclaman un esfuerzo adicional. “¿Traes cambios?"
Noche 20. Un vagabundo inmóvil, todavía cautivado por este oleaje humano, abandonado a la orilla de una corriente en hipnótico vaivén. Un nómada urbano plantado desde el crepúsculo frente al jardín de San Marcos, pasaje colorido y luminoso, isla flotando a la deriva, distraido por un espectáculo de indios descendiendo en círculos que parece estarse representando desde que no había mundo. Hasta que la enorme luna, ya herida, se anuncia en un horizonte inesperado. Hasta que la ausencia dolorosa se conjura en una realidad que ya no importa. Y la vuelta a casa, aturdido por una revelación que pronto entenderé.
Noche 21. Noche de espera. Oscuridad, pero no en la memoria, pero no en el deseo. Revolucionado desde lo más profundo, proyectado -casi- hasta la superficie: allá afuera sigue la vida. Afuera.
Noche 22. Santa Sabina recuerda a Rita Guerrero, abatida por el cáncer, irreemplazable: las voces que acuden como homenaje son sólo un bienintencionado agravio. Regreso a casa, con el recuerdo aún vivo de un año que sigue pasando (sigue, pasando). Otra celebración, y la ausencia crece. Algo sucederá en la madrugada. Otra vez.
Noche 23. Ha sido la noche de La Mala. Cachondería que se eleva sobre un par de hermosísimas piernas desnudas siempre bailoteando, coronada por una sencilla cabellera que reta a cualquier peinado. Sí, igual que en mi deseo ausente. La Mala, potentísimo hip hop andaluz -y una voz tan dulce- que mantiene frenética a una creciente multitud en penumbra que reta al cielo. Llovizna y ventarrón. Y la vuelta a donde todo es posible.
Noche 24. Fin de la celebración. Cansado, saturado, aturdido. Así parecen todos los que me rodean, arrastrando los pies y la mirada, no con la melancolía de lo que termina sino, tal vez, con la nostalgia de lo no ganado. La fiesta súbitamente interrumpida, apenas cuando se había escogido a la pareja. La música se disipa en el tedio del paga -apaga- y vámonos. El baile se confunde con los agónicos movimientos de la bestia herida. La multitud pierde la forma y se vuelve hacia la nada original. De vuelta a casa. (Ah, sí, también hablo de la feria)...
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Mi primera Muestra en Aguascalientes
“En un mundo mejor (Haevnen)”, de Susanne Bier. ¿El médico sin fronteras en un campamento de refugiados africanos definidos por la violencia, héroe blanco que enfrenta solo a un “señor de la guerra” para demostrar a su hijo 10 mil kilómetros distante que sí es un hombre con valor? ¿La violencia escolar nada inocente, que se expresa al otro lado del mundo con esos negros siempre en guerra que acuchillan a mujeres embarazadas para sustentar la apuesta sobre el sexo del nonato? ¿El niño que odia a quienes se dan por vencidos, que culpa a su padre porque no cumplió la promesa de que su madre se recuperaría del cáncer y porque le mentía al asegurarle que ella no sentía dolor? ¿La reconciliación matrimonial catalizada por el heroísmo del niño nerd, el inexpresivo niño odiador salvado del vértigo del suicidio que nunca sonríe pero finalmente llora porque extraña a su mami? Temas extraviados en un final feliz que le gustó a la “Academia” de Hollywood y le dio el Oscar a la mejor película extranjera. Película de autobús.
"El puerto de la esperanza (Le Havre)", de Aki Kaurismäki. Una historia sencilla de gente sencilla. Una sencilla historia de amor. Una historia sencilla que muestra cabos sueltos hacia otras historias sencillas, ocultas tras la plácida fachada de una vida cotidiana de barrio. Una historia incrustada, que no importa: un niño africano llega clandestino en un contenedor al puerto de Havre y quiere seguir a Londres para encontrarse con su madre; un bolero, viejo pero nunca vencido, con la complicidad de sus vecinos -la panadera, el verdulero, la cantinera, otro bolero vietnamita- y a pesar de la previsible mezquindad de otros, por fin lo pone con rumbo al otro lado del mar. Todo eso sobra. Una historia sencilla que vale porque da paso a un entrañable ambiente anacrónico, una inmersión apenas perceptible en la nouvelle vague que se convierte en inesperado homenaje al cine francés de los años 60, memoria en sepia. Premio de la Crítica Internacional en Cannes 2011. Una película rara.
“El chico de la bicicleta (Le gamín au vélo)”, de Jean-Pierre y Luc Dardenne. Pierde fuerza muy al principio y tiene un final mocho, lástima de tema: la paternidad ausente. La desesperada violencia de un niño impunemente abandonado por su padre, que además vende su bibicleta, presentada como su gran recurso de movilidad y libertad. El inexplicado compromiso de una también muy joven peluquera que de pronto ya es su madre sustituta. El previsible contacto con el dealer del barrio que dirige una banda de niños asaltantes. El anticlimático encuentro con el padre a quien el niño ofrece el dinero de su primer robo. La lenta huída hacia un horizonte cercanísimo y torpemente dibujado. Gran Premio del Jurado en Cannes 2011. Prescindible.
“Había una vez en Anatolia (Bir Zamanlar Anadolu’da)”, de Nuri Bilge Ceylan. Exterior. Noche. Desolados paisajes sólo alterados por las lejanas luces de un convoy policiaco que conduce al fatigadísimo asesino -y su fantasmal cómplice- que no recuerda el sitio donde enterraron el cadáver de su amigo. Diálogos triviales que se extienden por la noche plenilunar. La angelical aparición de una joven bellísima. "Podrías contarlo como un cuento de hadas", dice casual uno de los personajes. Una tensión dramática que se genera dentro de la película pero prende del otro lado de la pantalla, en la mirada del espectador. Un asombroso trabajo de iluminación. Los sonidos del campo nocturno como única música. Minuto 80. Exterior. Día. De hecho se inicia otra película: un juego de alusiones que entretejen una trama en el reverso de la historia. Fin súbito. Gran Premio del Jurado en Cannes 2011. Extraordinaria.
“Fausto (Faust)”, de Aleksandr Sokúrov. El principio es perturbador, y marca el tono: un cadáver sacado de su tumba es desgarrado para alimentar los conocimientos del Doctor Fausto, intelectual agobiado por el tedio y la necesidad de dinero, que de pronto se encuentra negociando con el Diablo pequeñas satisfacciones hasta escalar al deseo de una noche entera con una joven de extraña belleza. Una película grotesta, estridente, repulsiva, en una atmósfera medieval que (casi) apesta. Actuaciones increíbles. Con una majestuosa música wagneriana. El final de la tetralogía de Sokúrov sobre los grandes mitos es una tal vez insuperable recreación del Fausto de Goethe, sobre la entrega de su alma y su fuga hacia la nada. León de Oro en la Mostra de Venecia 2011. Maravillosa.
"Indiferencia (Detachment)", de Tony Kaye. Lo mejor de la Muestra. La podredumbre de la sociedad norteamericana que se incuba en sus escuelas. Estudiantes que sólo esperan escapar de ahí para continuarse en el fracaso o desvanecerse en el suicidio. Padres que sólo aparecen a gritos. La indiferencia de los maestros construída como un cinismo defensivo, desde una derrota vital que no termina de aceptarse. Héroes silenciosos que portan su propio caos y estallarán en el momento menos esperado. Un piano pianísimo conteniendo toda la historia, con la complicidad de un cello tristísimo. Escena final: la lectura de "La Casa Usher" de Poe entre las ruinas de un salón vacío. Una bofetada.
"Elena (Yelena)", de Andréi Zviáguintsev. Será que estaba de plano distraído, pero me parece que la película terminó sin haberse iniciado. Una idea que nunca despega y termina en la nada: el millonario que se casa con su enfermera, que con su pensión mantiene a la familia de su huevón hijo; el millonario que muere de un infarto y ha decidido heredarlo todo a su irresponsable y desamorosa hija, y su esposa enfermera que oculta su testamento manuscrito y muda con ella a la familia de su huevón hijo. Premio Especial del Jurado en Una Cierta Mirada de Cannes 2011. ¿De veras estaba tan distraído?
En el XXXII Foro Internacional de la Cineteca Nacional, junio de 2012:
"Melancolía (Melancholia)", de Lars von Trier. Tristísima. Con la música de Wagner y el estilo de Dogma. No hay a dónde ir, no hay nada qué hacer: el planeta errante Melancolía, oculto detrás del Sol, entra en ruta de colisión con la Tierra. El primero que se fuga de la vida es el estúpido optimista. Perdido su soporte racional, la mujer práctica se derrumba en el terror. La sonrisa fatigada de la sobreviviente de una honda depresión envuelve la inocencia del niño que todo lo ignora hasta el choque final. Hay veces que te odio, hermanita...
jueves, 21 de julio de 2011
Para la novena Bienal de Radio
Graciela Ramírez, coordinadora de producción de la Bienal Internacional de Radio, me pidió opiniones sobre la convocatoria de la novena Bienal Internacional de Radio que se realizará en octubre de 2012. Estas son mis respuestas, las preguntas pueden deducirse fácilmente:
"Graciela:
"Gracias por tu invitación a participar con mis opiniones en la preparación de la próxima Bienal. Te envío enseguida algunas notas, con mi reiterado agradecimiento por haberme considerado como jurado.
"1. En mi opinión, son adecuadas las seis categorías que ahora comprende la convocatoria, pero creo que debe hablarse de “radio para niños” y no de “radio infantil”, pues habitualmente se trata de programas producidos para niños y no por niños.
"2. En este sentido, pienso que la categoría de radio para niños desde luego se define por el público, y creo que -como intentamos aplicarlo en nuestro trabajo como jurados de la anterior Bienal- un criterio de calificación es la búsqueda de nuevos temas, formatos y géneros, incluso a veces considerando programas registrados en otra categoría: hubo por ejemplo un radio arte para niños...
"3. Me parece que es correcto que los jurados reciban todos los programas registrados en su categoría. Creo que la preselección debe limitarse al momento del registro, en acuerdo con el autor del programa, sólo para asegurar que se considerará en la categoría deseada.
"4. No creo que deba limitarse el número de programas que cada concursante puede inscribir, incluso en la misma categoría. Sí creo que debe establecerse un límite en cuanto a la fecha de producción: sólo durante el periodo desde la anterior Bienal, y desde luego que no hayan sido registrados para alguna Bienal anterior.
"5. Sí me parece correcto que el concurso siga abierto a profesionales y estudiantes por igual, así como se iguala la participación de productores de radios de todo tipo, e independientes.
"6. En cambio, pienso que NO deben tomarse en cuenta aspectos extra al programa mismo, “tales como la interactividad”, mi opinión es que debe valorarse a la pieza radiofónica por sí misma. En todo caso, podría ser interesante considerar la posibilidad de un premio a esa interactividad, a los usos novedosos, participativos, trascendentes de los programas radiofónicos.
"7. Y no, por supuesto que los programas NO deben ser transmitidos para poder concursar, precisamente porque una cosa es el programa y otra cosa es el uso del programa. El valor del programa lo da el programa mismo, y no debe limitarse sino al contrario, debe estimularse la difusión no convencional y la multiplicación de los programas.
"8. En el mismo sentido, y haciéndome cargo de que hay una discusión abierta alrededor del audio streaming y el podcast, mi opinión es que NO debe distinguirse entre programas transmitidos por internet y programas transmitidos por radio abierta, o no transmitidos.
"9. Y más: por supuesto sí me parece que debe tomarse en cuenta para una discusión ordenada y alentada por la Bienal, pero NO abrir una categoría específica que considere como tal a la convergencia tecnológica en cuanto forma de difusión de programas radiofónicos.
"10. En cuanto a la transparencia del concurso y la independencia del jurado, mi experiencia personal fue satisfactoria por lo que considero que esas condiciones están aseguradas. En todo caso mi sugerencia es que se publiquen las actas de premiación, y que se anime a los jurados a que expongan sus votos particulares.
"Me parece que ya me extendí demasiado. Espero que mis opiniones tengan alguna utilidad para el propósito que mencionas.
"Con un saludo cordial,
"José Alberto López Sustaita"
lunes, 4 de julio de 2011
Encuentro de La Radio para los Niños en Puebla
Esta fue la introducción al programa del encuentro:
"Productores, investigadores, animadores de la radio para los niños tenemos mucho que decir. Y tenemos mucho que escuchar. Por eso estamos aquí, en este nuevo encuentro regional de productores de radio infantil.
"Estamos aquí porque imaginamos otra radio para las niñas y los niños de México. Una nueva radio, para los niños que no han nacido.
"Nos reunimos para reconocernos, para animarnos mutuamente, para saber que no estamos solos en el empeño de inventar una radio a la altura del público más exigente, el más ignorado: los niños.
"Nos encontramos para saber que existimos, intercambiar experiencias, problemas y soluciones, compartir recursos, información, contactos. Para exponer nuestras ideas y descubrir nuestros errores: no somos perfectos, pero necesitamos orejas amistosas para reconocer nuestras imperfecciones.
"Hace ya muchos años, en 1998, hicimos en Xalapa un primer intento. Formamos una red regional que pronto se desvaneció. En 2010, aquí mismo en Puebla, se renovó la idea, y aquí estamos otra vez. Los mismos, y muchos más. Con el mismo gran propósito: más y mejores programas de radio para las niñas y los niños de México.
"¡Bienvenido! ¡Para la oreja!"
Llamó la atención la cantidad de participantes, casi cincuenta, como en ninguno de los encuentros anteriores. Llamó la atención también la intención y la capacidad de discutir, de plantear problemas y proponer la propia experiencia, de compartir entusiasmos y realidades.
A mí me llamó la atención sobre todo la edad de los participantes. Veinteañeros, casi adolescentes. La generación de relevo para continuar la promoción de la radio para los niños en México.
(Trabajo en proceso).
lunes, 30 de mayo de 2011
Opinión sin información
Y eso nos obliga a rehacer el diagnóstico y, por tanto -sobre todo-, a proponer estrategias totalmente nuevas de acción política. Por ejemplo, contra la pobreza extrema. Es cierto, ¿por qué dudarlo más?: desde luego México no es un país de pobres ni, muchísimo menos, un país de miserables. Y no es un país miserable, por Dios: hace tres décadas que ya se advertía que el gran problema de México no era la pobreza como tal, sino la desigualdad. Ambas persisten, pero muy sesgadas por datos que no debemos ignorar.
Por ejemplo, los resultados del Censo, divulgados -y convenientemente ignorados por nuestra absurda y estúpida izquierda- en el principio del año.
(Trabajo en proceso).
domingo, 20 de febrero de 2011
Periodismo de ficción
El 13 de febrero Javier Cercas publicó un artículo en El País donde aboga por Francisco Rico, un fumador conocido que escribió sobre la reciente legislación contra el humo del tabaco en España y terminó afirmando mentirosamente que nunca ha fumado. Dice que fue sólo una broma, aunque en efecto la relectura del texto no la revela: desde luego, sí parece un argumento definitivo, "defiendo a los fumadores aunque yo mismo no soy fumador", nunca aparece el tono de broma.
Este domingo, 20 de febrero, la defensora del lector publica una "discrepancia de la discrepancia", que continúa y profundiza su anterior intervención el 16 de enero en el mismo sentido: en el periodismo no se admite la mentira. Punto. Por cierto, el título de sun más reciente artículo se refiere a la "noticia con ficción" que afirmó que Cercas fue arrestado durante una redada en un burdel.
(El lunes 21 Cercas responde e insiste: él no admite la ficción o la mentira en el periodismo, pero aboga por un espacio para el humor, contra "la tiranía de lo literal". Y sí, tiene razón cuando atrapa a la defensora: ¿la ficción es admisible en el periodismo literario?, ¿no es el periodismo literario, simplemente, otra forma del periodismo, sujeta a las mismas reglas y limitaciones? Y repite el resumen de su posición, muy plausible: "sostengo que el periodismo, como la historia o la ciencia, no es una mera acumulación de datos sino una interpretación de los datos, y que toda interpretación conlleva el uso de la imaginación. Por supuesto, imaginación no significa aquí invención: significa capacidad de relacionar hechos dispares").
Un ejemplo de Cercas que alude al siempre asombroso Juan José Millás es interesante, provoca una reflexión necesaria en la vieja discusión sobre las fronteras entre periodismo y literatura, o la ficción como componente de la narrativa del periodismo. ¿Es válido crear un personaje, portador de la verdad periodística, como recurso de fuerza narrativa?
Y todo esto sustenta la crítica al periodismo irresponsable y sin ética de personajes caros a nuestra izquierda ridícula, como Carmen Aristegui y su nueva batalla por el rating perdido con la coartada de la libertad de expresión. Recuerden el cinismo impune de Federico Arreola: yo inicié el rumor, y qué. Lo reconoció el 10 de febrero, cuando apenas había estallado el escándalo.
(Trabajo en proceso).
domingo, 19 de diciembre de 2010
Los medios ante un espejo opaco
jueves, 21 de octubre de 2010
La Muestra
"El extraño caso de Angélica" ("O estranho caso de Angélica", Manoel de Oliveira, Portugal). Lisboa, el Tajo, Manoel de Oliveira... De cómo atrapar el alma de una mujer sonriente en una fotografía, y ser atrapado por ella...
"Verano de Goliat" (Nicolás Pereda, México). La ñora desquiciada por el abandono... la ropa del amado como segunda piel... repta en el agua primigenia entre sonidos animales, y emerge a los créditos finales ahí donde la película apenas revelaba a su personaje... El cine mexicano como descanso en la Muestra: para quedarse en casa...
"Hahaha" (Hong Sang-soo, Corea del Sur). Encontrarse en la mirada de esa mujer, enamorada de una fantasía que la maltrata. Entre el amor ingenuo y el amor cínico, la depresión como el amigo común que los une y los oculta mutuamente. Ella sólo quiere ser deseada o reconocida o tener una casa. Gracias por una buena historia.
"Un hombre que llora" ("Un homme qui crie", Mahamat-Saleh Hauron, Francia-Bélgica-Chad). Un león cansado, un campeón de natación confinado como cuidador de una piscina de hotel de lujo, un padre que se desmorona cuando la repentina conciencia de su envejecimiento le estalla en el rostro. La sombra ominosa de la guerra, la huída culpable hacia el caos del que todos huyen. Un hombre que llora: una historia sin fuerza, un final sin sustento.
"Copia fiel" ("Copie conforme", Abbas Kiarostami, Francia-Italia). La pareja, otra vez. El matrimonio como simulacro, basta para iniciarlo una mirada externa. El pleito continuo como combustible, no para mantener el movimiento sino para consumirse en sí mismo, la tensión como condición de cercanía. Hasta el momento de decisión: ¿sigo en el simulacro, o regreso a mi realidad? Final abierto. Copia fiel: copia conforme.
"Anticristo" ("Antichrist", Lars von Trier, Dinamarca). Cuando llegan los tres mendigos, alguien muere. Desconsuelo, dolor, desesperación. El sexo como puerto de fuga. El amor que sólo es posible como daño al amado. Ir al encuentro de nuestros miedos, perdernos en la bruma, encontrarnos en la muerte... regresar entre fantasmas. Desde la depresión más profunda, Lars von Trier: Anticristo, cine puro, la cima de esta Muestra.
"En un rincón del corazón" ("Somewhere", Sofia Coppola, Estados Unidos). Un joven actor de Hollywood. Se aburre. Fin. Somewhere: para quedarse en casa.
"La leyenda del tío Boonmee" ("Loong Boonmee raluek chat", Apichatpong Weerasethakul, Tailandia). Profusa, confusa, difusa. La leyenda del Tío Boonmee.
"Submarino" (Thomas Vintenberg, Dinamarca). Sólo 50 minutos de buen cine, cine duro, cine de Dogma. Un hombre puesto en el límite desde la entrañable culpa por la muerte de su hermano niño. Su único amigo y su igualmente patética amante sobreviven apenas en el borde del vacío, hasta que... "por favor, ya no resisto más", disolvencia a negro... el resto puede verse en un autobús.
"La pivellina" (Tizza Covi y Rainer Frimmel, Italia). Aia. Dos años, tal vez. De cómo una mujer hermosa llega como inesperado regalo del azar, nos ilumina la vida y nos dibuja una sonrisa. Hasta que quien la abandonó regresa por ella. Documental que es película neo-neorrealista. La pivellina: una trampa de la memoria, una historia para vivir.
"La mirada invisible" (Diego Lerman, Argentina). Los vigilantes también están en prisión. La mirada invisible, panóptica, omnisciente, sólo es posible desde la mierda. Sexualidad femenina construida con el robo de ruidos, olores, miradas: la lenta construcción, detalle a detalle, desde la opresión carcelaria que es el encierro escolar, de un personaje femenino patéticamente entrañable (excelente actuación, excelente fotografía). La mirada invisible: muy buen cine argentino.
"Del perdón al olvido" ("Life during war time", Todd Solondz, Estados Unidos). Por momentos casi lo logra. Complemento de aquella igualmente hipócrita y culposa "Felicidad". "El mal está dentro"... pero le falta fuerza y valor para rasgar la superficie de colores pastel, o para elevarse a la parodia total de los amores enfermos de tres hermanas desde la agotada tradición woodyallenesca. La culpa judeocristiana que nos condena al perdón o el olvido como única alternativa de fuga del american way of life.
"Materia blanca" ("White material", Claire Denis, Francia-Camerún). Malhecha. Y la pobre protagonista que se pasa hora y media esperando que alguien -la directora, el guionista, el fotógrafo tembleque, alguno de los actores de reparto igualmente extraviados- que alguien le diga por compasión qué está haciendo ahí.
"Los gatos persas" ("Kasi az ggorbehaye irani khabar nadareh", Bahman Ghobadi, Irán). Cede a la tentación de un final melodramático que no venía al caso, y pierde la perfección. Como documental es maravilloso, como historia cinematográfica es extraordinaria. Rasgar cuántos velos para asomarse a la vida escondida de los jóvenes de Teherán, la música como columna vertebral de una vitalidad invencible. Los rostros, las voces, la poesía de una cultura milenaria y contemporánea.
"De hombres y de dioses" ("Des hommes et des dieux", Xavier Beauvois, Francia). "Tú me envuelves, me sostienes, me abrazas", ¿cómo podría dejarte? No es el credo, no es la liturgia, no es el lugar... no es el Tiempo, que termina matándonos por empeñarnos en nuestro valor individual. La amorosa construcción de una sonrisa colectiva, la paz por fin encontrada en el fondo de uno mismo. Es la fraternidad creada por un Padre común. Nostalgia de la familia. La maravilla de lo absoluto.
"Conocerás al hombre de tus sueños" ("You will meet a tall dar stranger", Woody Allen, Estados Unidos). La misma película de Woody Allen que hemos visto tantas veces. Agotado hace treinta años: los mismos temas, los mismos personajes, los mismos viejos recursos cinematográficos, ¡la misma música! Los mismos a mi alrededor que se sienten obligados a reir con cualquier diálogo.
"Un filme socialista" ("Film socialisme", Jean Luc Godard, Francia). Si mantienes la capacidad de desconcertar, no eres un viejo. Un reto seguirlo hasta el final. La única forma de aproximarse a la realidad dislocada es con un lenguaje dislocado. La música, la geometría, la filosofía, la utopía: vanos esfuerzos por comprenderla. "Podemos tener ideas diferentes, si compartimos nuestros sueños".
"Los chicos están bien" ("The kids are all right", Lisa Cholodenko, Estados Unidos). De la dificultad de la vida en pareja. También en una pareja de mujeres lesbianas. El juego de roles que todos jugamos: lo masculino y lo femenino, lo adulto y lo pueril. La vida en pareja como una negociación cotidiana, entender y seguir. Errores con culpa, errores sin culpa, errores grandes y pequeños, errores que merecen el perdón. La paternidad vacía, la fraternidad como refugio posible, los amigos que acompañan y compensan. Los niños que crecen, que se hacen adolescentes, que se van. The kids are all right. Buena película. En días difíciles.
"Tetro" (Francis Ford Coppola, Estados Unidos). Buenos Aires... ¿y por qué no? Dónde, si no, encontraríamos a El Perseguidor y a La Maga. Grafiti inicial: “No sueltes la soga que me ata a tu alma”. Y una eterna sonrisa amorosa que ilumina la vida. El sonido más hermoso del universo. Con la fuerza del cine en blanco y negro. Hasta la Patagonia, donde se desvanece como una telenovela elegante. Tetro: el viejo Coppola, una clase maestra de guión cinematográfico durante la primera hora, sin fuerza para llegar hasta el final con la misma asombrosa emoción.
"Dulce niño" ("szelíd teremtés. A Frankenstein-terv", Kornél Mundruczó, Hungría). Técnicamente impecable... Un edificio próximo a la demolición como escenario intemporal, rostros sin expresión que obligan a construir la emoción de los personajes... Una historia que reclama su propia credibilidad desde el principio, pero que finalmente deja demasiados huecos de inverosimilitud, y termina deshilachada. Un intento al que pierde su propia ambición: reelaborar el mito de la criatura de Frankenstein, desde el extravío por la paternidad ausente.
"El amor de mi vida" ("Bright star", Jane Campion, Gran Bretaña). Grand finale. Una impecable película de época, al estilo británico. El nacimiento del amor romántico, con su final de tragedi: la muerte del jovencísimo poeta John Keats, su amor necesariamente no culminado con una campestre artista de la costura. Maravillosa iluminación, extraordinarias actuaciones... y esas tomas cerradas sobre la aguja, el hilo, la tela, las manos...
viernes, 8 de octubre de 2010
Mi voto a la radio para los niños
Acepté ser parte del jurado aunque el concurso de la Bienal se ha distinguido durante sus catorce años por sus criterios viejos, convencionales, timoratos. En éste caso, conocí los nombres de mis compañeras dos semanas antes de la deliberación final, y quiero decir que desde entonces y hasta la firma del acta oficial no me he sentido orgulloso de ellas, precisamente por ese prejuicio que encontré fundado: Martha Romo, creadora de Radio Rin -¡hace veinte años!-, y Maru Enríquez, cantante y locutora.
Yo espero haber aportado la experiencia de nuestro trabajo de quince años en la investigación y la promoción de la radio para los niños con una perspectiva comunitaria, la organización de cuatro encuentros regionales de productores y la convocatoria a un premio de tesis universitarias sobre la radio y los niños.
Esa experiencia, pero sobre todo la actitud correspondiente: importa animar ensayos colectivos, que como principio aspiren a la trascendencia, en espacios sociales como la escuela y el barrio, que apuesten por la presencia de los niños no como coartada sino como condición, que sueñen con una radio con imaginación y respeto a los deseos y la inteligencia de los niños.
Durante las dos reuniones del jurado para decidir a los ganadores me empeñé en que no premiáramos lo que se ha hecho hasta ahora, sino posibles rutas de fuga hacia la nueva radio para los nuevos niños. Sin ignorar a la calidad radiofónica como prueba suprema (tanto en producciones profesionales, institucionales o independientes, como en producciones amateurs). Nueva radio en temas, sí, pero sobre todo por sus exploraciones y toma de riesgos en formatos y géneros.
Mi única duda para "Sabines en sueños", de radiombligo de Chiapas, ganador del primer lugar, era si podía considerarse como un programa para niños. Por fortuna para todos, desde el inicio de la discusión entendimos que la poesía es para cualquiera, y particularmente para los niños, de cualquiera edad. Me parece una pieza radiofónica muy cercana a la perfección -por el tema, el guión, las voces, el ritmo, el uso de la voz del poeta... emocionante y conmovedora-, y la rúbrica sin duda hubiera sido la ganadora si existiera esta categoría.
Insistí en la posible premiación a un programa de radio arte para niños, producido por La Tribu, vanguardia de la radio comunitaria en Buenos Aires: "En la boca no", que yo propuse para el segundo lugar. Sigo convencido de que deben alentarse intentos como éste de ofrecer a los niños nuevas formas de hacer y escuchar la radio, además con una excelente calidad. La objeción fue acerca de su contenico, que en parte reproduce y exalta valores políticamente incorrectos. Como si los niños no vivieran en una realidad así, con tales estímulos y lenguaje. Y también fue esa irreverencia lo que me encantó.
"Viaje al mundo de la imaginación", de la Universidad de Colima, ganador del segundo lugar, me pareció desde que lo escuché que debería haber sido el gran ganador. Pero me decepcionó entrañablemente saber que es un programa viejo, que no se ha replicado de ninguna forma, que se había presentado a concurso repetidas veces. Eso contradecía mi argumento principal, de manera que finalmente yo lo hubiera quitado sin más de entre los ganadores.
No lo hice porque así el resto del jurado hubiera subido todavía más un programa que a mí nunca me pareció merecedor de ningún reconocimiento pero que finalmente quedó en el tercer lugar: "Microbitos", del Instituto Mexicano de la Radio, un programa mal hecho que fue mencionado y por fin premiado sólo por el tema que trata. No fui capaz de convencerlas de que no basta un tema "necesario y urgente", independiente de su mal tratamiento que no excusa la transmisión en vivo.
Para el tercer lugar, o quizá para el segundo si se movía el radio arte, mi propuesta fue "Independencia, un sueño de 200 años", una producción de Radio Universidad Veracruzana sobre la presencia de Morelos en Córdoba. Una inmejorable obra de radio didáctica que sucede en un salón de clase y el patio de recreo, con la maestra y sus alumnos muy verosímiles -gran trabajo de guión y de voces-, una clase de historia que demuestra que la radio puede ser un buen recurso de educación. La objeción: ¡que tiene mucha violencia!, ¡si hablamos de la revuelta por la independencia!
El jurado decidió que no habría una mención honorífica. Para estas yo tenía dos propuestas, sólo aparentemente contradictorias con mi argumento central de animar la innovación hacia el futuro de la radio para los niños: "¡A bailar, niños!", de Cosquillas, un gozoso y muy bien hecho programa para poner a bailar a los niños, y otro programa argentino, "Cuenta que te cuenta", donde la voz absolutamente expresiva basta para contar un cuento. El regreso a lo elemental, a la radio pura.
En cambio consideramos, y finalmente desechamos, por una parte "Riofaunando" que contiene muy buenas canciones compuestas e interpretadas por el mismo equipo de producción y una narración que fluye hasta el mensaje final: contra la contaminación de los ríos; pero hay una confusión de géneros y formatos que muy probablemente no podría seguir un niño promedio. También consideramos dos programas indigenistas, "Oquichpilillo (niño querido)" -que a mí me hubiera satisfecho particularmente porque se refiere a la cultura tenek, de San Luis Potosí- y "Conservando nuestro idioma indígena", que asimismo desechamos porque su ritmo obliga a una atención especial que no se encuentra en los niños promedio.
Aquí termina mi participación en ésta octava Bienal Internacional de Radio.